El obispo Javier Salinas a la salida de la reunión. | M. À. Cañellas

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No hubo sorpresas. No se produjo ninguna revuelta interna ni críticas contra Javier Salinas en las reuniones cumbre celebradas este viernes en el Seminari Nou a raíz del escándalo de la denuncia contra el obispo por «relación impropia» con su secretaria, Sonia de Valenzuela, por iniciativa del marido, Mariano de España. «Soy y seguiré siendo obispo de Mallorca», afirmó a la salida Javier Salinas, si bien advirtiendo que la decisión final «está en manos de la Santa Sede». Aseguró que «no» está enamorado de Sonia.

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Salinas se reunió primero con el Col·legi Consultiu y arciprestes (unos veinte miembros) y luego con el Consell Presbiterial (cerca de treinta). Expuso la situación y luego les escuchó a todos. No hubo ni el más mínimo reproche. Todos le dieron su apoyo. A la salida se vio a un obispo desahogado. Había expuesto a la jerarquía y cargos intermedios de la Iglesia la situación por la que estaba pasando. En el interior, durante cerca de tres horas, respondió a todas las preguntas que se le formularon, una a una. Después tuvo la ocasión de escuchar las muestras de apoyo, generalizadas. La élite de la Iglesia de Mallorca se dio por muy satisfecha con sus explicaciones. «Hemos comprendido el fondo de la cuestión y creemos que no hay motivo para tanta repercusión», afirmó, en privado, uno de los sacerdotes al salir de la reunión.

Hay consenso en dejar pasar el tiempo y ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Solamente la opinión de los presbíteros podrá dar un giro si la situación se torciese o si apareciesen nuevos datos sobre el caso ahora desconocidos para ellos.