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«Somos Quijotes», señala Tomeu Sastre, presidente de la Asociación de Comerciantes Especializados en la Venta de Vídeo (VIVE) y propietario del videoclub Piscis, uno de los 12 establecimientos dedicados al alquiler de películas que sobrevive en Mallorca. Según datos de la asociación, en los últimos ocho años más de 60 videoclubes isleños se han visto obligados a echar el cierre debido a la crisis pero, sobre todo, a la piratería.

Hace unos veinte años alquilar una película de vídeo era una acción cotidiana para todos, al igual que las largas sesiones de cine cómodos en el sofá y con palomitas frente al televisor, los interminables rebobinados de los VHS o las penalizaciones si tardabas en devolver las cintas. Así, durante los 80 y 90, los videoclubes fueron negocios prósperos, que crecieron y se multiplicaron por todas las ciudades y pueblos. En Mallorca, en concreto, llegó a haber en esa «época dorada» más de 300 establecimientos en toda la Isla: «En Alcúdia, por ejemplo, llegó a haber más de diez videoclubes y ahora no queda ninguno. Y sólo en el barrio de la Soledad convivíamos 12 casi puerta con puerta», agrega Tomeu Sastre, único superviviente en esta zona palmesana, con más de 30 años de dedicación a sus espaldas.

El sector del alquiler de películas vive una crisis continua, ya desde la llegada de las televisiones privadas a principios de los 90, declive que se ha agudizado con el aumento de la piratería y la aparición de diferentes plataformas legales para poder ver cine en casa. «Los que seguimos luchando y no hemos tirado la toalla creemos que el cine tiene futuro; pero el problema es que la gente en este país cree que la cultura no cuesta dinero y no es así. Hay que evitar que la piratería se inculque ya desde pequeños», asegura el presidente de VIVE.

En este sentido, señala que los establecimientos que han sobrevivido se ha visto obligados a prescindir de empleados y a convertir el alquiler de películas en un «complemento» de su negocio: «Algunos venden libros y tienen pelis en alquiler y otros, como yo, hemos añadido al negocio la venta de pan, periódicos y fiambre... así llegamos a final de mes», recalca.

Futuro negro

Tomeu Sastre basa el futuro del sector en la tecnología ‘blue-ray’ y las películas en tres dimensiones, que ya les ayudan a mantenerse a flote. Así, el perfil de los clientes fieles a los videoclubes pasan por gente de mediana edad o mayor que quieren «disfrutar» de la película con una «buena calidad de visionado». Sin olvidar el cine clásico, que está viviendo un auge importante porque encontrar este tipo de cine en internet es mucho más difícil que un estreno potente.