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Ana Ribot, una estudiante de Dret de la UIB de 22 años se convirtió en la protagonista de la subasta de obras de arte en favor de los docentes en huelga al adquirir el grabado L’oeil bleu du volcan de Miró por 7.500 euros, cuando su precio de mercado es de 10.000 pero tuvo un valor de salida en la puja de 3.000. «Ha sido cosa de mi madre y mía –reconocía un tanto emocionada–, veníamos a por el Miró y nuestro tope estaba en los 11.000 euros». Pero no contenta del todo, aún pujó por otra obra, Ermita Sant-Miquel-Campanet, de Luis López Martínez, por la que pagó otros 135 euros. Ana reconoció no tener ninguna relación con el mundo del arte, «sólo que me gusta mucho y en concreto Miró y Barceló». Junto a su madre, Josefina Navarro, y contenta por haber colaborado con la causa, admitía que le había temblado la mano a la hora de firmar la compra de la obra y añadió que «tendremos que mimarla y buscarle un lugar especial en casa».

Ana era una de las más de 300 personas que ayer participaron en la subasta solidaria de unas 240 obras de más de 200 artistas, que empezó pasadas las 20 horas y se prolongó hasta bien entrada la noche. Una cita «histórica» según sus organizadores que a su paso por el ecuador, cuando ya se habían subastado la mitad de las obras, tenía ya una recaudación de 33.000 euros. El Miró, la obra de Antoni Tàpies, vendida a Georgina Sas por 4.000 euros (salió a 3.000 euros) y la de Alexander Calder, adquirida por 4.400 euros a una persona que había presentado su puja por escrito, fueron algunas de las que provocaron los mayores aplausos del público.

Entre los asistentes, había personas relacionadas con el mundo del arte (galeristas, artistas...), pero también muchos aficionados, docentes, estudiantes y ciudadanos en general para los que era su primera subasta. Como para Dídac y Marta, estudiantes de la UIB, que iban a por un Flabiol y un Tamborino, dos piezas por las que él estaba dispuesto a llegar hasta los 150 euros cada una. Pero se le escaparon.

Agnès y Bernat tenían más experiencia y no tenían la vista puesta en ninguna pieza en concreto. Iban a dejarse llevar.

Era, lógicamente, una subasta no profesional y no faltaron los momentos de confusión por las pujas, de los que la presentadora, la actriz Catalina Solivellas, supo salir con sentido del humor y con la ayuda del profesor de Universitat Nicolau Dolç, la profesora Antonina Siquier y el pintor Pedro Oliver, que registraban las ventas. La parte triste fueron las piezas que fueron retiradas por falta de personas interesadas y lo más doloroso el 21 % que se llevará Hacienda de todo lo recaudado.