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La imagen del día la proporcionó ayer Isabel Pantoja saliendo de los calabozos de Marbella escondiendo su mirada tras grandes gafas oscuras. Tras haber sido detenida la noche anterior, pasó a disposición del juez, ante el que declaró durante dos horas y media, insistiendo en su inocencia, y fue puesta en libertad después de abonar una fianza de 90.000 euros, una elevada cifra para una perona corriente, aunque no tanto para quien tiene unos ingresos mayores. Pero así son las cosas en este país, donde también la mayoría idolatra a quienes se las apañan para subir como la espuma y luego, cuando se produce la inevitable caída, se ceba en su desgracia.

La tonadillera no ha caído por sus malas prácticas administrativas -según parece-, sino como cómplice de su novio, el ex alcalde marbellí Julián Muñoz, que pronto cumplirá un año en prisión.

Con ella ya son 99 los detenidos en esta 'operación Malaya' que parece complicarse cada día un poco más. Algo que desde la oposición popular se entiende como maniobra de distracción orquestada desde el Gobierno socialista. ¿De qué tienen que distraernos las peripecias de la Pantoja? De la «ilegalización» de las listas de Batasuna, según opinan desde el Partido Popular, donde añaden que a cada «problema» generado por el Ejecutivo, éste «ordena» que se airee un escándalo que haga suficiente sombra.

Curiosa teoría de la conspiración en un país en el que, por desgracia para todos, la corrupción no conoce colores ni ideologías y por cada corrupto de una tendencia surge otro de la tendencia contraria.

Al final hay que concluir lo de siempre: dejemos que la Justicia actúe, con independencia y con tranquilidad. Si Isabel Pantoja tiene delitos a sus espaldas, que pague por ellos como lo haría cualquier otro, sin buscar detrás fantasmales maniobras políticas.