Una imagen de Mallorca poco habitual, que habla de frío, de belleza y también de diversión. Foto: JAUME MOREY/JOAN TORRES

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Resulta difícil no emocionarse un poco al contemplar las cumbres más altas de la Serra de Tramuntana cubiertas de nieve. A vista de pájaro la belleza es espectacular, porque el cielo completamente despejado ha permitido estos días a los afortunados que han subido a un avión ver paisajes hermosos como pocos. Pero no hace falta ir tan lejos, o tan alto, para disfrutar de la nieve. Desde Palma y otros puntos de la Isla se vislumbraban ayer las montañas nevadas, ofreciendo una rara postal invernal de esa Mallorca que cautiva a millones de forasteros en verano y que nos cautiva a quienes vivimos aquí durante todo el año.

Por eso las zonas más cercanas al Puig Major, la cumbre mallorquina más elevada, han recibido estos días la visita de numerosos ciudadanos encantados de pasear pisando los copos crujientes recién caídos, de jugar a lanzarse bolas heladas o construir muñecos con brazos de ramas y, cómo no, de hacerse fotos para el recuerdo.

Para los niños la experiencia es especialmente inolvidable, más por lo inusual, y muchos padres pacientes y animosos han subido a las zonas más altas de la Serra para mostrar a sus hijos cómo cambia el paisaje y, también, cuánto frío puede llegar a hacer en Mallorca, intensificado ahora que el viento arrecia provocando algunos problemas en el transporte y las comunicaciones marítimas.