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En Cala Millor nos embarga la sensación de haber llegado a la primera zona turística de nuestro recorrido realmente emblemática del desarrollo de los años 60. Una sucesión ilimitada de grandes edificios hoteleros rodeados por todo tipo de comercios vinculados al sector se alinean frente a una larga playa de arena que se extiende casi dos kilómetros entre sa Punta de n'Amer y Cala Bona. Una acertada remodelación suprimió el tráfico de la primera línea, creando rotondas de aparcamiento en medio de un largo paseo con zonas ajardinadas. Lo que ha supuesto una evidente ganancia en calidad ambiental apreciada por los turistas y residentes, cuyas primeras casas de veraneo aún sobreviven en parte tras los hoteles.

Frente a la sensación de grandes dimensiones que ofrece Cala Millor, Cala Bona, antaño rústico puerto de pescadores, del cual resta el varadero y una calle junto al nuevo puerto deportivo, conserva parte de su carácter más apacible. Faceta de agradecer, si bien sus playas artificiales no presentan el color ni la facilidad de acceso de Cala Millor.

En Cala Bona abundan los restaurantes especializados en platos de pescado en un rincón aún con sabor local. También hay un centro de buceo y cafés de ambiente tranquilo. Todo un contrapunto a la atmósfera cosmopolita y masificada de Cala Millor, dos conceptos distintos y unidos por el crecimiento que han experimentado ambas zonas durante las ultimas décadas.

Gabriel Alomar