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«Cada mañana, los prisioneros que no podían trabajar eran llevados a los crematorios de Auschwitz para ser gaseados. Mataban 40.000 personas al día. En ese campo, un SS me salvó la vida dos veces. Yo no podía trabajar, ni tan siquiera caminar, pero el SS me envió a la cafetería donde pude comer lo suficiente para sobrevivir. Salvé la vida en siete ocasiones durante los seis años en los que estuve preso en cinco campos de concentración diferentes», recuerda Max Liebster, detenido por el III Reich en 1939 por ser judío, y liberado en 1945.

«Por la mañana y por la noche comíamos una rodaja de pan. A veces hacían una sopa con comida para vacas o animales, con algunas patatas y muy pocas veces conseguíamos un trozo de carne. En otras ocasiones comíamos una especie de salchichas y un trozo de queso. Nos daban lo suficiente para sobrevivir pero cada día nos debilitábamos más», explica Libster, quien todavía lleva tatuado en el brazo izquierdo su número de identificación de Auschwitz. «Cuando veo ese número tatuado me siento feliz de seguir vivo, me demuestra que los que ocurrió fue cierto y recuerdo que millones de personas fueron asesinadas», añade el que fuera deportado en la presentación de la exposición «Memoria de un testimonio 1933-1945», organizada por el Círculo Europeo de Testigos de Jehová y expuesta en el Castell de Bellver.

Al acto de presentación también asistió Ruth Danner, nacida en Alsacia-Lorena en 1933, deportada en 1943 por ser testigo de Jehová a los campos de Hochlowitz; Gleiwitz, Schweintocholowitz; Frankenstein Wolfsdorf y Steinfels. Señala que incluso los niños de tres años debían trabajar para poder comer.

Magdalena Kusserow, nacida en 1924, estuvo presa durante 4 años y 6 meses en las cárceles de Vechta y Bielefeld y en el campo de Ravensbrück. Sus tres hermanos pequeños fueron enviados a tres correcionales diferentes para «ser reeducados», sin poder recibir visitas de sus padres, tras negarse a saludar con el obligatorio «Heil Hitler» en el colegio. Sus dos hermanos mayores, con 20 y 25 años de edad, fueron ejecutados por negarse a ir a filas. Uno fue fusilado y el otro decapitado.