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De forma simbólica "en realidad ahora debemos andar por los 6.018 millones" se ha celebrado esta semana el nacimiento del habitante 6.000 millones de este castigado planeta. Muchos habitantes son. Tantos que ahora la pregunta inmediata no es cuándo se alcanzarán los 7.000 o los 8.000, sino hasta cuándo soportará la Tierra este desmesurado incremento de la población mundial. El crecimiento demográfico está determinando que a corto plazo se agoten los recursos naturales básicos del planeta, como son el agua y las tierras fértiles.

Así, los expertos de la ONU calculan que hacia la mitad del siglo próximo la cuarta parte de la población mundial vivirá en países sometidos a drásticas restricciones de agua. A ese tremendo dato, cabría añadir el que establece que el área cultivable por persona se ha reducido a la mitad desde 1950. Si el porvenir resulta inquietante, no lo es menos el presente. Hoy, el 95% del incremento de la población del mundo tiene lugar en los países tercermundistas. Pensemos que en vastas regiones del sur y el oeste de Asia, y en el Àfrica subsahariana, cada mujer tiene un promedio de cinco hijos. Una política universal errática en lo ideológico y torpe e inconsciente en lo práctico han conducido a esta situación, pese a las advertencias que los más sensatos vienen formulando desde el pasado siglo.

La progresión geométrica de la que nos habló Malthus continúa, en lo que al aumento de la población concierne, sin que se perfilen horizontes que permitan albergar un mayor optimismo. De no ser aquellos pronósticos que llevan a cabo indirectamente los que sostienen que la población mundial nunca había crecido "hecho constatable" ni crecerá tanto como lo ha hecho en el siglo XX. Es de desear que quienes así opinan tengan razón. En cualquier caso, la incógnita de la que hablábamos subsiste: ¿Cuáles son los límites de la resistencia del planeta, hasta cuándo soportará una presión demográfica de esta naturaleza?