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Un verano más es Trenc a sido el pequeño paraíso de turistas y residentes que, cautivados por su belleza, han disfrutado de uno de los rincones más hemosos de la Isla.

En la segunda mitad de los años sesenta nuevas ideas recorrían el planeta. Venían frescas, importadas de California, donde se inició el movimiento hippy, y del Barrio Latino de París.

Aquí, entre tanto, se andaba a otro ritmo bien distinto, presenciando entre ajenos y expectantes los conflictos que sacudían el mundo.
Fue en esos años cuando Francisca, hace ya 3 décadas de eso, abrió el primer chiringuito en es Trenc, una playa que entonces era totalmente virgen: venía muy poca gente, pero entre los pocos que se acercaban hasta aquí para bañarse había muchos nudistas, impregnados, en cierta manera, de ese espíritu optimista.

«Ahora la cosa ya está mezclada: aquí ha pasado como en otros lugares, como Eivissa o Formentera. Hubo unos años en los que estaba muy de moda el movimiento hippy y nudista. Ahora sigue habiendo de éstos, pero la mayoría viene con su bañador», comenta el jefe del chiringuito Paraíso, un local que lleva ya 21 años contemplando el mar, que hoy está revuelto.

Precisamente su local fue construido en los años setenta junto a otros 6 puestos en el tramo que va desde sa Colònia hasta sa Ràpita. Fue una adecuación de la playa, con nuevos y más servicios, ante la demanda de turistas que, a medida que se sucedían los veranos, aumentaban.

A pesar de las novedades que con los años se han incorporado a esta playa y de lo que aún falta para mejorar en las comodidades del bañista, es Trenc mantiene todavía se esencia: ser una playa natural envuelta de vegetación y dunas; tener una arena y un agua magníficas; gozar de un ambiente de tolerancia, respeto y diversión.