El agente David Valdez abraza al juez de paz de Uvalde, Eulalio Díaz, totalmente devastado tras ayudar a identificar los cuerpos de los 19 niños asesinados en su escuela. | Reuters

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Entre las reacciones a la reciente matanza en un colegio de Uvalde (Texas) se cuelan básicamente dos posturas mayoritarias. Una repudia el uso de las armas de modo generalizado en Estados Unidos, mientras que la antagonista reclama contribuir a su mayor utilización en pro de la seguridad propia y también colectiva. Lo hemos visto en las voces del Partido Republicano que han expresado la conveniencia de armar a los profesores para, en un momento dado, interponerse entre los eventuales atacantes y los críos inocentes cuando una mente estalla y arremete furibundamente contra lo más sagrado de la comunidad.

Una de las preguntas que se hacen muchos es por qué Estados Unidos presenta tal índice de incidentes de violencia extrema y masiva; un país donde no se entiende del todo la correlación entre niveles de desarrollo y bienestar y muertes violentas al cabo del año. Con más o menos excepciones los tiroteos se producen a lo largo y ancho de la geografía estadounidense, aunque bien es cierto que algunos enclaves –el sur, el oeste y el interior– presentan números más dramáticos que otros puntos –el norte y el este–.

Hay que observar, en relación a esto, que la legislación que regula el acceso a las armas de fuego no es la misma en todos los estados de la unión, y a pesar de que el rechazo a la barra libre de armas automáticas y munición a mansalva ha crecido tímidamente tras los hechos de Uvalde no es todavía mayoritario en el seno de esta sociedad norteamericana. Según un sondeo de Morning Post para Politico realizado después de la comisión de la última matanza en Texas alrededor de un 65 por ciento de los estadounidenses son partidarios de imponer controles más estrictos a la tenencia de armas, aunque entre los republicanos siguen siendo una minoría.

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El ala más conservadora del establishment de los EUA no ha reaccionado al tiroteo en la escuela texana de forma muy diferente a como viene haciéndolo tradicionalmente, aunque sus votantes parecen más irritados que nunca con estas situaciones. En consecuencia en el mencionado barómetro los votantes republicanos que piden más control sobre las armas de fuego pasan del 37 al 44 por ciento. Aun son minoría aunque la tendencia muestra signos de revertirse, y en el caso de los votantes independientes la subida es de diez puntos, hasta representar a dos de cada tres.

Sobre las medidas concretas, un 88 por ciento apoya que sea requisito para obtener un arma la solicitud de un certificado de antecedentes y un 84 por ciento que se prohíba la venta a personas denunciadas por algún tipo de trastorno mental; es destacable reseñar que Salvador Ramos, el tirador de Uvalde (Texas) carecía de antecedentes y, al menos en los primeros análisis preliminares, no constan enfermedades mentales diagnosticadas en su historial médico.

Numerosos cargos demócratas, los más proclives al endurecimiento de las condiciones de acceso a las armas de fuego para la población estadounidense con el presidente Joe Biden a la cabeza, clamaron al cielo tras producirse el dramático tiroteo en la escuela de primaria. Muchos pidieron a los republicanos compasión y empatía. Tan solo algunos cargos díscolos permitirían tal vez iniciar una senda de negociación para conseguir un objetivo final deseable: la pacificación de la sociedad estadounidense, donde cada año miles de personas mueren involucrados en incidentes con armas de fuego.

Por qué Estados Unidos es diferente al mundo, desde luego diferente a los países occidentales a los que ellos mismos consideran amigos y aliados. El aclamado escritor de género y no por ello menos ídolo de masas Stephen King esgrime una posible explicación: «Países como Australia, que han impuesto un control de armas, han visto reducidos los asesinatos en un 70 %. La lavadora de noticias por cable se pregunta qué motivó a Salvador Ramos a matar a todos esos niños. La respuesta es sencilla: lo hizo porque pudo. Las armas estaban a su disposición. América debe prohibir las armas de asalto en casi todos los supuestos».