La recurrencia con que se producen estos actos violentos indigna a buena parte de la sociedad norteamericana. Sin embargo, muchos piensan que la solución pasa por armarse aun más. | Reuters

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El ataque en la escuela Robb de Texas supone un doloroso reflejo de los escasos avances logrados por las autoridades estadounidenses en la década que ha pasado desde la matanza en Sandy Hook y tiene lugar además menos de dos semanas después de que un joven de 18 años seguidor de teorías supremacistas asesinara a diez afroamericanos en un supermercado en Buffalo, Nueva York.

De hecho, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos alertaron en abril de que las armas de fuego se habían convertido en el primer factor de muerte para los niños y adolescentes del país norteamericano, por delante ya de los accidentes de coche. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Michigan a partir de datos de los CDC, que recoge cifras de 2020, concluyó que 45.222 personas murieron ese año en incidentes armados, incluidos unos 4.300 menores de 19 años, lo que refleja un aumento interanual del 29,5 por ciento, más del doble del incremento relativo entre la población general.

Por su parte, la base de datos administrada por el grupo de investigación sin fines de lucro Gun Violence Archive, recoge que más de 23.000 personas, incluidos aproximadamente 1,650 niños y adolescentes, han muerto o resultado heridas debido a incidentes relacionados con armas en Estados Unidos este año. En este sentido, el expresidente Barack Obama ha recalcado que «casi diez años después de Sandy Hook y diez días después de Buffalo, el país está paralizado, no por el terror, sino por un 'lobby' de las armas y un partido político -en referencia a los republicanos- que no han mostrado voluntad alguna de actuar de alguna forma para ayudar a evitar este tipo de tragedias».

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«Ya se debió haber llevado alguna acción, cualquier tipo de acción. Es otra tragedia, una más tranquila, pero no menos trágica, para familias que tienen que esperar otro día», ha señalado en su cuenta en Twitter, antes de reconocer que las familias en el país «están preocupadas por lo que pueda pasar mañana cuando dejen a sus hijos en la escuela, les lleven a comprar o en cualquier otro espacio público».

El actual inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden, ha reseñado que «es hora de actuar» para regular las armas de fuego. «¿Cuándo, en el nombre de Dios, vamos a hacer frente al lobby de las armas?», se ha preguntado, tras afirmar que «está harto y cansado» de que «hermosos, inocentes y estudiantes de segundo, tercer y cuarto grado» vean morir a sus amigos «como si estuviesen en un campo de batalla». «Este tipo de tiroteos masivos rara vez ocurren en otras partes del mundo. ¿Por qué estamos dispuestos a vivir con esta carnicería? ¿Por qué seguimos dejando que esto suceda?», ha cuestionado, al tiempo que ha reseñado que «es hora de convertir el dolor en acción».

En esta línea, el arzobispo de San Antonio, Gustavo Garcia-Siller, ha pedido a las autoridades que trabajen con la población para poner freno a esta situación, que ha descrito como «una carga demasiado pesada». «Estas masacres no pueden ser consideradas como la nueva normalidad», ha criticado. «La Iglesia Católica aboga de forma consistente por la protección de todas las vidas y estos tiroteos masivos son el asuntos más urgente sobre el que todos en la sociedad deben actuar, tanto los líderes electos como los ciudadanos», ha zanjado, según ha recogido la cadena de televisión estadounidense CNN.