Miles de manifestantes favorables al cierre de las nucleares en Japón salieron ayer a las calles de Tokio. | Efe

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La detención ayer en Japón del último reactor nuclear activo tras la crisis en Fukushima hace un año deja a la tercera economía mundial, por primera vez en 42 años, sin centrales atómicas y ante el reto de afrontar el caluroso verano con otras fuentes de energía.

Desde que la pionera central de Tokai, al noroeste de Tokio, iniciara su actividad comercial el 25 de julio de 1966, sólo una vez Japón se había encontrado en la situación de no contar con ningún reactor activo.

Para poder garantizar la demanda sin energía nuclear en las grandes ciudades del país, como Tokio, cuya área metropolitana cuenta con más de 30 millones de habitantes, las operadoras eléctricas han potenciado el uso de las plantas térmicas, lo que intensificado el gasto en la importación de crudo y gas licuado.

No obstante, según las estimaciones del Gobierno, será necesario reabrir algunos de los reactores detenidos para poder garantizar el suministro eléctrico estable en las principales ciudades del archipiélago, que antes de la tragedia obtenía cerca del 30 por ciento de la energía nuclear.

Cortes eléctricos

Japón afrontará «severos cortes eléctricos» de no proceder a la reapertura de las unidades de Oi, aseguraba hace algunas semanas Edano, que estimaba que su reactivación podría añadir hasta 2,36 millones de kilovatios extra a la región, lo que reduciría las posibilidades de cortes eléctricos en la zona este verano.

A pesar de los esfuerzos del Gabinete nipón por demostrar la seguridad de las plantas que superan las pruebas, las regiones y localidades próximas a la central de Oi se oponen a la reactivación de la planta y, en casos como el de Osaka, tercera ciudad del país, han instado incluso a su desmantelamiento.

Esto hace que se haya intensificado el debate sobre la seguridad y la idoneidad de este tipo de energía en Japón, tras una crisis nuclear que ha dejado tras de sí cerca de 80.000 evacuados, ciudades abandonadas en las inmediaciones de la central, desolación y pérdidas millonarias.

Esto hace que se haya intensificado el debate sobre la seguridad y la idoneidad de este tipo de energía en Japón, tras una crisis nuclear que ha dejado tras de sí cerca de 80.000 evacuados, ciudades abandonadas en las inmediaciones de la central, desolación y pérdidas millonarias.