El ministro marroquí del Interior, Taieb Cherkaoui, visitando a los heridos en el café Argana. | STRINGER

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Aunque se abstuvieron de ponerle la firma, ya que todavía no ha habido reivindicación, las autoridades marroquíes señalaron ayer con el dedo a la red terrorista Al Qaeda como más que posible autora del atentado del viernes contra el corazón turístico de Marraquech, que se cobró 16 vidas.

Los indicios que han ido apareciendo con cuentagotas apuntan a una acción bien organizada, que buscaba un daño masivo, y que requería de un nivel de preparación propio de un grupo terrorista.

Descartada la hipótesis de que un suicida hubiese hecho estallar la bomba, el ministro marroquí del Interior, Taieb Cherkaui, anunció que el explosivo había sido detonado a distancia y que «el método utilizado recuerda al estilo de Al Qaeda».

Según las primeras investigaciones, la deflagración se produjo a un bomba compuesta de nitrato de amonio y TATP (triperóxido de triacetona).

Metralla

Para convertir este cóctel en un arma más mortífera, los autores del atentado recurrieron a metralla, como informó el director del centro hospitalario universitario Mohamed VI, Hisham Najmi, donde están ingresados la mayoría de la veintena de heridos.

Según Najmi, los médicos hallaron incrustados en los cuerpos de tres heridos «objetos metálicos extraños e idénticos», que el titular del Interior identificó como clavos de hierro.

Cherkaui, además, recordó que la amenaza terrorista sigue presente, y que por ello se han aumentado las medidas de seguridad en todo el territorio marroquí para prevenir nuevos ataques.

Sin embargo, todavía quedan varias zonas de sombra en torno al atentado, como la nacionalidad exacta de tres de las víctimas mortales o su coincidencia en el tiempo con el indulto concedido por el rey Mohamed VI hace dos semanas a varios presos.