Una viandante pasa junto a un grafiti en el centro de Dublin que reza: «Las cicatrices son profundas». | CATHAL MCNAUGHTON

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El Gobierno irlandés se resiste a hablar de rescate, pero ayer reconoció que podría aceptar la creación de un fondo para solventar los problemas del sistema bancario, tras la visita a Dublín de la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo.

Esa fue la señal más clara respecto a la posibilidad de que acepte ayuda internacional para atajar la crisis, pese a que continúa renuente a presentar una solicitud formal ante las autoridades comunitarias.

Dado que parece inevitable que la UE acudirá al rescate de Irlanda, el Gobierno irlandés se esforzó ayer en rebajar los recelos por la presencia de enviados de los organismos internacionales

En respuesta a las acusaciones de la oposición, el primer ministro, Brian Cowen, insistió en que la soberanía irlandesa sobre política económica no «está cuestionada».

El primer ministro recordó que su país, en términos monetarios, comparte su soberanía con los socios comunitarios, con los que trabaja, dijo, para hallar una solución a problemas más amplios. Antes, su ministro de Finanzas, Brian Lenihan, afirmó que Irlanda podría aceptar una ayuda económica para la banca en forma de «fondo de contingencia», lo que no significa, precisó, que se vaya a utilizar.

Política fiscal

El comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, anunció el miércoles que las negociaciones no se limitarán a los bancos sino que también impondrán condiciones de política fiscal. Rehn ya dijo hace unas semanas que Irlanda dejará de ser un país de impuestos bajos tras la crisis.

Sin embargo, Cowen recordó que los asuntos fiscales competen sólo a los Gobiernos nacionales. Por ese motivo, considera «innegociable» la reducción del impuesto sobre sociedades, que actualmente está fijado en el 12%, una tasa que algunos socios comunitarios califican de competencia desleal.