Soldados albaneses acudirán a Afganistan. En la imagen superior, Badley Manning, sospechoso de las filtraciones. | ARMANDO BABANI

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El Pentágono confirmó ayer que el principal sospechoso de la filtración de los documentos clasificados sobre la guerra de Afganistán es el analista de inteligencia Bradley Manning, que apareció desde el primer día como la posible fuente.

El Pentágono cree que Manning, de 22 años, acusado el mes pasado de filtrar otros documentos a la página de internet de Wikileaks, accedió a la red global clasificada del Ejército y al sistema de correo electrónico y descargó decenas de miles de documentos, según un funcionario de alto rango del Pentágono citado por CNN.

El Departamento de Defensa sospecha ahora que Manning se conectó a la red altamente protegida y clasificada Secret Internet Protocol Router Network (SIPRNET), que provee acceso a correos electrónicos y al sistema de internet clasificado del Pentágono a los militares que cuenten con la autorización adecuada, de acuerdo con las mismas fuentes.

Acceso al sistema

Para poder acceder a estos sistemas, el personal autorizado necesita disponer de claves y pasar por otras medidas de control, como el acceso físico, para conectarse a sistemas específicos que proveen información clasificada en los niveles más altos.

Funcionarios del Pentágono han dicho en los últimos días que hasta el momento el único material que han podido ver en la página web de la organización Wikileaks corresponde a documentos que fueron clasificados al nivel de «secreto», una gradación relativamente baja a la que puede acceder un gran número de personal militar.

El fundador de Wikileaks, Julian Assange, se ha negado a revelar quién le suministró a la página web los cerca de 91.000 documentos militares sobre la guerra de Afganistán.

Entre otras cosas, los informes militares revelan operaciones encubiertas, muertes de civiles de las que nunca se informó públicamente y denuncian la ayuda de los servicios secretos paquistaníes al movimiento talibán.

Manning fue detenido a finales de mayo después de que un pirata informático, Adrian Lamo, denunciara que el analista había presumido de haber descargado 260.000 documentos clasificados y habérselos enviado a Wikileaks.