Imagen aérea de la plaza de los Mártires. | WAEL HAMZEH

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Centenares de miles de libaneses conmemoraron ayer en el centro de Beirut el quinto aniversario del asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri en un atentado con coche-bomba en la capital.
Desde primera hora del día, un gran número de personas, procedentes de todas las regiones libanesas, llegaron en autobuses y coches particulares a Beirut, donde tuvo lugar un homenaje al político asesinado en la plaza de los Mártires, también llamada de la Independencia.
Los manifestantes enarbolaron banderas libanesas y de sus grupos políticos, fotos de Rafic Hariri y de su hijo y sucesor, Saad, primer ministro libanés en la actualidad, así como de otros mártires de la Independencia.
Hariri, primer ministro del Líbano entre 1992 y 1998 y entre 2000 y 2004, fue asesinado con un coche-bomba que mató también a otras 21 personas, entre ellas el ex ministro y diputado Bassel Freijan, frente al hotel San Jorge de Beirut.
El atentado supuso la salida de las tropas sirias del Líbano, después de casi tres décadas de presencia, ya que se atribuyó su responsabilidad a las autoridades sirias, cosa que éstas han negado siempre.
Durante su intervención, Saad Hariri reiteró su compromiso con los principios que defendió su padre.
«Por quinta vez me dirijo a ustedes para recordarles mi compromiso de seguir defendiendo el Líbano, el arabismo, la libertad, la independencia y todos los principios por los que murieron mi padre y sus camaradas», afirmó el primer ministro libanés.
Justicia
«Nuestra unidad nacional es el único medio, hoy y siempre, para defender el Líbano y su pueblo -agregó Hariri-. Nada se hará en detrimento de nuestra dignidad nacional, nuestro sistema democrático o el Tribunal Especial para el Líbano», encargado de investigar el asesinato de su padre.
La conmemoración este año, a la que asistieron centenares de miles de personas, según cálculos de los organizadores y de la policía, comenzó con un minuto de silencio por las 90 víctimas del avión etíope que se estrelló el 25 de enero frente a las costas del Líbano.
Al cumplirse la hora exacta del atentado, una llama se prendió en un monumento izado frente al hotel San Jorge de Beirut, donde estalló la bomba, mientras que se escuchaban cantos religiosos musulmanes y el repique de las campanas de las iglesias.
Los dirigentes políticos que hablaron en el acto, incluido Hariri, prometieron mantener vivos los ideales por lo que han luchado y por los que fueron asesinados varios líderes antisirios.
No obstante, también llamaron a reforzar la cooperación con Siria, a cuyo régimen recordaron que la estabilidad del Líbano repercute de modo positivo sobre él, y viceversa.
En ese sentido, el ex presidente Amin Gemayel, jefe del partido Kataeb (falangista), abogó por «mejores» relaciones con Siria, a la que pidió que trabaje para solucionar los problemas pendientes entre ambos.