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Casi una treintena de personas, entre ellas un soldado estadounidense y 25 guardias nacionales iraquíes, murieron en el inicio del año nuevo en Irak, víctimas de varios ataques perpetrados por grupos de insurgentes.

Estados Unidos y el Gobierno interino iraquí confían en que esta violencia diaria pueda ser controlada antes de la celebración de los comicios generales, previstos para el próximo 30 de enero.

El atentado más cruento ocurrió ayer por la mañana cerca de la conflictiva ciudad de Balad, ubicada a setenta kilómetros al norte de Bagdad, en pleno «triángulo suní», corazón de la insurgencia en Irak.

Al menos 25 guardias nacionales iraquíes perdieron la vida en una carretera secundaria cuando un supuesto suicida al volante de un coche bomba hizo estallar la carga cerca de un autobús, informaron fuentes estadounidenses.

Según la oficina de información de la Primera División de Infantería de EEUU con sede en la vecina localidad de Tikrit, el automóvil explotó cuando el autobús circulaba por las cercanías de un acuartelamiento de las Fuerzas Multinacionales.

El incidente segó la vida, asimismo, de una mujer civil que se hallaba en ese instante en la citada carretera y causó heridas a más de una decena de personas.

Las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes y los funcionarios del Gobierno interino se han convertido en uno de los objetivos preferidos de los grupos de insurgentes en Irak, que los tachan de «colaboracionistas».

Al menos 30 personas, entre civiles y policías, murieron el pasado martes en el barrio bagdadí de Ghazaliya en una trampa tendida por los insurgentes en el interior de una vivienda, donde supuestamente se escondían mercenarios «no iraquíes».

Algunos grupos iraquíes han pedido, sin embargo, que se retrase la fecha de la consulta, ya que el país sufre en estos momentos incidentes violentos casi a diario. Uno de esos incidentes más graves segó la vida ayer de dos iraquíes y causó heridas a más de una decena cerca de la localidad de Abu Ghraib, a unos 25 kilómetros al oeste de Bagdad.