Los líderes del G8, junto al presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, en Kananaskis.

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RAFAEL CAÑAS-CALGARY La cumbre de líderes del G8 ha registrado un desacuerdo sobre el relevo del líder palestino, Yaser Arafat, que busca Estados Unidos, pero que ocasiona una clara incomodidad entre los países europeos y Canadá. Los socios de Estados Unidos respaldaron la idea de reformar y democratizar la Autoridad Nacional Palestina (ANP), y de que mejore su lucha contra el terrorismo y combata la corrupción, pero no llegaron tan lejos como para apoyar la sustitución de Arafat en las elecciones palestinas previstas para enero próximo.

El cambio en el liderazgo palestino es uno de los puntos clave del plan para Oriente Medio del presidente George W. Bush y fue el tema estrella del primer día de debates y de la cena de líderes en la noche del miércoles. En cambio, Bush ha logrado sacar adelante en esta cumbre dos proyectos importantes de EE UU: el plan para que el G8 financie el desmantelamiento de armas de destrucción masiva en la antigua URSS y un plan de acción para mejorar la seguridad del transporte mundial frente a la amenaza terrorista. El G8 entregará hasta 20.000 millones de dólares (20.250 millones de euros) en los próximos diez años a Moscú.

Bush trató ayer de restar importancia a las discrepancias sobre Arafat y, pese a haber presionado, aseguró que está «muy satisfecho» por la recepción a sus ideas sobre Oriente Medio. «Las respuestas han sido muy positivas y estoy agradecido», señaló. «La mayoría de los líderes europeos entienden que algo tiene que cambiar para lograr la paz» en Oriente Medio, aseguró Bush, en unas breves declaraciones junto con el presidente ruso, Vladímir Putin.

Bush citó, entre los puntos que «entienden» sus interlocutores europeos, los cambios constitucionales, legales y económicos que ha pedido para el gobierno autónomo palestino, pero evitó, cuidadosamente, mencionar la cuestión del cambio de liderazgo. El más claro entre los dirigentes europeos ha sido el jefe del gobierno italiano, Silvio Berlusconi, quien señaló sin ambages que la retirada de Arafat del poder generó discrepancias.