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MIGUEL ROVIRA - DILI El caos y la violencia se han apoderado de Dili, la capital de Timor Oriental, donde los paramilitares han tomado las calles de la ciudad y el control de la ex colonia, mientras los periodistas y observadores extranjeros han tenido que buscar refugio ante la impunidad con que actúan.

Miles de timorenses se han concentrado en el puerto de Dili, cuyos muelles están abarrotados de familias con todos sus enseres y que tratan de subirse al primer barco que pueda sacarles del infierno en que se ha convertido la ex colonia portuguesa. Los paramilitares, que de nuevo ayer sembraron el terror y la violencia en las calles de la capital, montaron controles en el interior del territorio, en cuyas montañas permanecen escondidos miles de los timorenses que el lunes arrostraron el miedo y bajaron a votar masivamente en el referéndum cuyo recuento comenzó ayer. Pasaban las 4.20 hora local (las 11.20 hora española) cuando por radio el policía de Naciones Unidas que estaba de guardia ante la sede del organismo internacional en Dili pudo alertar a sus compañeros: «Me disparan, me disparan». Una turbamulta trataba de saltar las vallas del recinto de la Misión de Naciones Unidas en Timor Oriental (UNAMET) perseguidos por los paramilitares que disparaban y atacaban a los refugiados de una cercana escuela y aterrorizados vecinos del suburbio de Mascariñas donde en la noche del martes ya habían asesinado a machetazos a un joven de 20 años.

Al menos una persona perdió la vida al tratar de buscar esa protección de Naciones Unidas, pues los milicianos de «Aitarak» tras enfrentamientos a pedradas con simpatizantes de la independencia, prendieron fuego a un surtidor de gasolina y varias viviendas cuando estaban lanzados a una orgía de terror. Los pocos jóvenes que trataban de hacerles frente no pudieron hacer otras cosa que retroceder con sus piedras ante los fusiles automáticos y armas de fabricación casera, además de machetes con los que también amenazaron y atacaron a los periodistas.