Antonio Salvá, candidato de Vox al Congreso por Baleares junto al resto de dirigentes y candidatos del partido. | Jaume Morey

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Vox niega emergencia climática del «marxismo cultural» y considera que «somos víctimas de la gran estafa climática utilizada, una especie de nueva religión utilizada con pretensiones políticas».

No obstante, la formación liderada por Santiago Abascal quiere dejar claro que defienden políticas de protección medioambiental «reales y prácticas, tal como recoge nuestro programa electoral» para las elecciones del 10N.

En su opinión, «el origen antrópico del calentamiento global es una hipótesis no probada, deducida solo de algunos modelos climáticos, que son programas informáticos complejos, llamados Modelos de Circulación General. Por el contrario, destaca la existencia de una variabilidad climática natural que los modelos no pueden reproducir. Esta variabilidad natural explica una parte sustancial del calentamiento global observado desde 1850. La responsabilidad antrópica del cambio climático observada en el siglo pasado es, por lo tanto, exagerada injustificadamente y las predicciones catastróficas no son realistas».

Considera que esta «ecolocura en la que se han instalado todos los partidos políticos, excepto Vox, es una muestra más del marxismo cultural que va creando nuevas formas para acabar con el sistema de libre mercado capitalista, el sistema que más desarrollo y bienestar ha proporcionado a la Humanidad».

Vox sostiene que «es una ilusión pretender gobernar el clima» y asegura que «es el socialismo el que agita el catastrofismo y señala al capitalismo como causante del problema. El socialismo, el que siempre nos deja en la miseria cuando gobierna».

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Además, añade que «causa vergüenza ajena la utilización de una pobre niña con problemas como Greta Thunberg, explotada y maltratada por sus padres, que están ganando mucho dinero a su costa. La han desescolarizado, la pasean y exponen en medio mundo y la obligan a escenificar sus histriónicas comparecencias. Quien ha robado la infancia a la pobre Greta son sus padres y todos sus palmeros. No he visto a nadie que la defienda de lo que le están haciendo, es una menor a merced de los intereses de los adultos».

A su modo de ver «hay que pedir a los gobiernos que adopten políticas de protección del medio ambiente compatibles con el conocimiento científico. En particular, es urgente combatir la contaminación donde ocurra».

En este sentido, argumentan que «el sistema climático aún no está suficientemente comprendido. Si bien es cierto que el CO2 es un gas de efecto invernadero, de acuerdo con el mismo IPCC, la sensibilidad del clima a su aumento en la atmósfera sigue siendo extremadamente incierta. Muchos estudios recientes basados en datos experimentales estiman que la sensibilidad del clima al CO2 es considerablemente más baja que la estimada por los modelos del IPCC».

En base a esto considera que «es científicamente irrealista atribuir a los humanos la responsabilidad del calentamiento observado desde el siglo pasado hasta nuestros días. Los pronósticos alarmistas no son creíbles, ya que se basan en modelos cuyos resultados contradicen los datos experimentales. Toda la evidencia sugiere que estos modelos sobrestiman la contribución antrópica y subestiman la variabilidad climática natural, especialmente la inducida por las oscilaciones del sol, la luna y el océano».

También culpa a los medios de comunicación que «con frecuencia difunden el mensaje de que, con respecto a la causa antrópica del cambio climático actual, habría un acuerdo casi unánime entre los científicos y que, por lo tanto, se cerraría el debate científico. La realidad es que existe una notable variedad de opiniones entre los especialistas».

Así, aseguran que muchos de ellos «reconocen una importante contribución natural al calentamiento global observada desde el período preindustrial e incluso desde la posguerra hasta hoy. De hecho ha habido peticiones firmadas por miles de científicos que han expresado su disconformidad con la conjetura del calentamiento global antrópico».