«Es una pena que Guillem no pueda ver el resultado final, aunque estoy contento de haber podido compartir con él mi planteamiento. Se mostró muy contento y orgulloso de que quisiera adaptar Els carnissers, que escribió con apenas veinte años y donde empezó a explorar temas que, en sus posteriores obras», señala el dramaturgo.
La pieza, protagonizada por Catalina Florit, Xavi Frau y Lluís Febrer, se estrenará el próximo jueves en el Teatre del Mar, donde podrá verse hasta el 26 en el espacio Carpa Diem. Después, girará por diferentes escenarios de Mallorca Santa Margalida (31 de enero), Binissalem (1 de febrero), Son Servera (2 de febrero), Santanyí (6 de febrero), Institució Pública Antoni Maria Alcover de Manacor (7 y 8 de febrero). Además, el 30 de marzo llegará al teatro Maldà de Barcelona.
Revolución
¿Por qué Els carnissers? «Hacía tiempo que me interesaba ahondar en la idea de las revoluciones, del imaginario revolucionario porque nosotros, como nuevas generaciones, no tenemos manera de imaginar una revuelta. En Els carnissers se plantea un conflicto generacional que, en el fondo, se basa en la cuestión de la identidad, aunque de una forma muy original. Además, revela algo muy importante: ni en Mallorca ni en las Islas hemos tenido nunca una revolución. O, al menos, no desde les Germanies, en el siglo XVI», razona Mas Fiol.
«Una cosa muy interesante que decía Guillem y me marcó mucho es que no hay ningún país que haya avanzado tanto en tan poco tiempo sin haber vivido ninguna revolución. En las Islas, por ejemplo, hemos tenido una revolución en forma de boom turístico, pero el problema es que la burguesía turística no ha revisitado las estructuras culturales, no ha debatido sobre cómo afectó a la cultura y a nuestra identidad. De hecho, un buen ejemplo es la Diada de Mallorca, una fecha para celebrar como sociedad y cultura en la que ni nos hemos puesto de acuerdo, como sí lo han hecho los catalanes o los vascos», explica. Asimismo, el autor remarca que otro de los temas que más le atraen y que aborda el texto es «el traspaso del poder» entre una «nobleza arruinada y una burguesía turística que quiere enriquecerse».
Por otra parte, Mas Fiol apunta otro asunto que «no se ha analizado en profundidad»: «¿Qué hace esa clase que se ha enriquecido por la cultura o el debate sobre la identidad? Los nuevos ricos abandonan la identidad, el territorio o la cultura para asegurar su beneficio económico. De esta manera, venden las Islas, construyen hoteles e invitan a la gente de fuera que venga para, en consecuencia, perder nuestra identidad como precio a pagar», observa.
Personajes
Esta «nobleza arruinada» y «burguesía turística» comparten mesa en una cena para celebrar que Miquel acaba de comprar Son Puig-gros, la finca donde trabajaba como porquer cuando era tan solo un crío. La familia invita también a los antiguos señores de la possessió y es así, alrededor de una lechona asada, donde se pone sobre la mesa –nunca mejor dicho– aspectos como la necesidad de aparentar o la identidad. Mientras, los hijos de unos y otros comparten una noche de bares por Palma. Pero, «bajo los juegos nocturnos se cuece la tensión extraordinaria entre dos mundos que se necesitan y, a la vez, se odian».
Florit interpreta a doña Leonor, la noble arruinada, pero también se mete en la piel de uan estudiante que vuelve de Barcelona, a un camarero y, por último, a sí misma. Y es que Mas Fiol propone un juego metateatral en el que «los propios actores construyen la cena, de forma dramatúrgica». «Me gusta que se conecte con el presente, porque tenemos una opinión al respecto. Por eso es un clásico, porque ofrece debates todavía bien vigentes. Así, los actores irán entrando y saliendo de los personajes, poniendo en relieve el mundo de las apariencias», avanza.

Por su parte, Febrer se mete en la piel de Miquel, el porquer reconvertido en señor, y también de su hijo, Miquelet, quien mantiene una relación especial con Xavi, el hijo de don Fulgenci –que interpreta Xavi Frau– y Leonor. «Lo bonito es que los padres de Miquelet y Xavi son antagónicos, pero la amistad va más allá, aunque es cierto que es muy tóxica. Lo que me gusta de esta obra es que no es maniquea, no condena ni a unos ni a otros y puedes empatizar con todos los personajes», coinciden Febrer y Frau.
«La novela razuma violencia entre clases. Nosotros hemos cogido esa violencia, ya implícita en el título, y la hemos subido al escenario, con escenas muy físicas y visuales que juegan con la sumisión o la dualidad del poder. Los personajes son solemnes. En la novela, Guillem usa un recurso muy atractivo: la historia es contada por un narrador omnisciente y, de repente, pasa a un primera persona que hace que el lector entre en el pensamiento de cada personaje. Lo curioso es que el lector se da cuenta de que dicen una cosa y actúan de otra manera», detalla Mas Fiol. «Son como unas matanzas o una bacanal sanguinaria y erótico-festiva donde cabe de todo», concluye Florit.
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Alerta a la nova inquisició dretana que està on fire