Miquel Àngel Riera, hijo del pintor, posa con el último cuadro que su padre pintó y que dejó inacabado. | T. Ayuga

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El 9 de mayo se cumple un siglo del nacimiento de Gaspar Riera, pintor cuya obra paisajística de Mallorca es, quizá, de las más conocidas de la Isla por su trabajo de la luz y el color de la tierra isleña. Con motivo de la efeméride, su hijo, Miquel Àngel Riera, ha preparado una serie de actividades que tienen por objetivo principal «descubrir» a un autor y, sobre todo, una etapa que se adentra en la abstracción y resulta «poco conocida». El centenario arranca el lunes con un acto en el espacio Es Molí d’en Perot, ubicado en la calle de Palma del mismo nombre, con amigos del pintor como Guillem Frontera y Sebastián Serra.

Esta será, no obstante, la primera de muchas exposiciones y acciones que se desarrollarán principalmente por El Pla de Mallorca, visitando pueblos como Petra, Marratxí, Manacor o Ariany, y que fueron centro de atención de la segunda etapa pictórico de Riera, más madura y en la que «se adentró en técnicas abstractistas y cubistas». Como señala su hijo, es una época «poco conocida» y uno de los motivos por los cuales ahora centra la atención en ella, ya que, a su juicio, supone una visión única de la Isla y atisba «cambios», como si «pudiera oler la Transición a través de su pintura» por sus relaciones con la apertura democrática y la entrada de corrientes vanguardistas.

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Imagen que forma parte del archivo de Gaspar Riera y que muestra al artista en acción sobre el lienzo.

Más allá de esta etapa, lo cierto es que Riera fue un artista «difícil de catalogar», pintando «sobre cualquier superficie» desde cartones, lienzos, cajetillas de tabaco o haciendo monotipos, «que fue pionero» y que compaginó con trabajos como el de corrector de este diario, labor que desempeñó durante muchos años. Gran parte de toda esta obra y de muchísimos de sus materiales, como anotaciones, más de 11.000 fotografías, sus poemas o incluso sus memorias, en las cuales se ha interesado la Nova Editorial Moll, componen una «ingente cantidad de material» que Riera hijo documenta y archiva con mimo y con paciencia para el posible interés de investigadores.

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La etapa naíf de Gaspar Riera es quizá la más conocida, pero su segunda etapa, comprendida en 1966 y 1974, es más insólita y próxima al cubismo.

Y es que, a nivel pictórico, Riera supone una mirada fresca y diferente de El Pla, «siendo el primero en pintarlo y decidiendo dar voz a la tierra a través de la pintura» –una evolución que se ve en la tendencia progresiva de sus cuadros, y a nivel compositivo tenía una concepción única para comprehender y organizar la «extensión del paisaje» dentro de los limitados marcos del lienzo. Así pues, Riera hijo se embarca en esta aventura por «explicar e informar» y «remover algunas sensibilidades» para descubrir a un pintor, que además fue su padre, que «dio voz al paisaje de Mallorca» e invita a alejarse de su etapa última, más naíf y conocida, que no deja de ser «correcta», pero que, quizá, ha eclipsado la investigación artística real que en sus paseos y sus procesos creativos Gaspar Riera elaboraba como el artista completo que era.