En la SC Gallery, de Bilbao, Oliver mostró sus reflexiones artísticas sobre temas como la salud mental, una realidad que ha estado investigando últimamente.

El artista mallorquín David Oliver, conocido como Grip Face, vuela cada vez más lejos del nido. En todos los sentidos. Su ya ajetreada agenda se ve apretada todavía más con los compromisos expositivos del año próximo, que le llevarán a él y sus piezas principalmente a recorrer Asia y Estados Unidos, con alguna parada por Europa. Pero, además, considera que ha entrado en una fase nueva, mucho más introspectiva en la que «conceptualizo mucho los proyectos» para que sean un todo cerrado.

Esta evolución ya pudo apreciarse en Saudade 01/158, su exhibición individual en SCGallery de Bilbao que es, probablemente, de las últimas que hará en España «en unos tres años». El resto, de momento, «todo fuera». Desde la feria Zona Maco 2022, en México, hasta Nueva York a comienzos de 2023 pasando antes por Taipei, una individual en Hong Kong, Seúl, Miami y otros proyectos que están todavía por concretarse. La de Bilbao es «una de las más introspectivas que he hecho en la que aparece una carga individual». En este sentido, Oliver asegura que se siente «más transparente que nunca» y está en un proceso de cambio, aunque, a decir verdad, «todos los procesos son un cambio».

Ese mismo afán investigador y su mirada consciente y reflexiva con el mundo que nos rodea, le ha hecho entrar en temáticas que le han preocupado en los últimos tiempos, como la salud mental. A su juicio, «la generación millennial es la que ha salido más machacada». Por esta razón, opina que también «es la más potente a nivel artístico y la que va a pegar más fuerte a nivel internacional». Prueba de ello son las muchas citas en el extranjero que se le acumulan y en las que, además, entran detalles de su cada vez mayor investigación en «materiales y formatos», aunque reconoce que últimamente «la pintura es lo que más presencia está teniendo en el ámbito internacional».

Ante esta resaca pandémica que sigue afectando a muchos sectores e individuos, para Oliver el arte aparece «la vía de escape más necesaria que encuentro». Es decir, es «el oxígeno donde no lo hay» y ayuda a generar un «discurso de resistencia en el mercado económico, discursivo e intelectual». Dicho de otra manera, «necesitamos generar contenido para no caer en una depresión y, en este sentido, hablamos de un arte combativo sin pretenderlo», explica el creador. Y en ese futuro prometedor a nivel individual ve también Oliver una mayor presencia del «arte digital, los NFT y el tema del cambio climático». Según opina, «los NFT [Non-Fungible-Tokens, un tipo de validación digital sobre cualquier tipo de formato virtual] hablan más del mercado que del arte». En cualquier caso, «son una ventana más y no puedes darle la espalda al futuro porque te quedarás obsoleto» y avanza que está estudiando trabajar este tipo de transacción.

Porvenir

Por último, sobre el porvenir personal y de la forma en que trabajará, Oliver explica que «cada vez que estudio e investigo más sobre las máscaras que nos ponemos me atrevo más a quitarme la mía a nivel visual y personal», lo que describe como un «proceso inevitable que se dará de manera orgánica y natural» y que, a su vez, tiene mucho que ver con la sensibilidad para con el mundo actual en el que la autenticidad y la capacidad de expresar desde la introspección hacia el exterior se imponen en un contexto de simple apariencia y falsos escaparates. Como decía Ortega y Gasset, cada uno de nosotros no es más es uno y nuestra circunstancia; es decir, somos sabemos quiénes somos si tenemos en cuenta dónde y cuándo lo somos, y Oliver se empeña en ser un artista consciente del lugar y el momento que le ha tocado vivir.