Ricky Merino en una entrevista anterior con Última Hora. | Redacción Digital

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Ni logró una plaza de honor en «OT 2017» con acceso directo a la grabación de su primer disco ni fue el elegido para protagonizar el musical «Ghost» en su desembarco en Madrid, pero hoy por hoy Ricky Merino puede presumir de que, con trabajo e insistencia, ha logrado hacer realidad esos dos sueños. «Una vez me dijeron que soy el típico caso de artista de pico y pala, porque todo me cuesta un poquito más. Es verdad que hay momentos en los que te agotas y quieres tirar la toalla, pero con perseverancia, se llega», reconoce. Lo dice en una charla con Efe en la Gran Vía madrileña en la que desde hace meses se alterna con David Bustamante al frente del citado musical «Ghost» y tras la publicación de su primer álbum, un objetivo que llevaba acariciando desde hace tiempo.

«Me siento liberado, porque es como que hasta que no lanzas un LP, no naces artísticamente o no te tienen en consideración», opina. Como «carta de presentación» y porque «cierra una etapa» con canciones que había publicado desde su salida de la Academia de «OT« y otras inéditas, ha decidido llamarlo «Ricky Merino». «Todos los artistas tienen un disco homónimo y, por si venía otra pandemia, me dije, voy a hacerlo ya», explica con humor. Aún con la distribución y parte de los temas grabados bajo el sello de Universal Music, su anterior compañía discográfica, de la que salió a finales de 2020, este trabajo ve la luz desde la independencia artística. «Es lógico que, en su manera de buscar ser una empresa rentable, desarrollan primero los productos con más tirón, pero yo tenía otro ritmo. Ahora estoy feliz con mi libertad, aunque no soy de los que odian a las discográficas. Está muy bien que te financien las canciones», señala Merino (Palma de Mallorca, 1986).

En esta aventura no ha estado completamente solo, pues ha contado para el repertorio con firmas reputadas como las de Nacho Canut (Fangoria), David Otero o Alberto Jiménez (Miss Caffeina), además de las de Jake Boncutiu y Bruno Valverde, quienes asimismo han ejercido de productores junto a Juan Sueiro y David Roma. Junto a ellos trenzó 14 canciones que remiten a los años 80 (por las escuchas de sus hermanas, que le llevaron por ejemplo a versionar «Smalltown Boy» de Bronski Beat junto a Conchita Wurst) y también a los años 90, cuando él descubrió el pop, como en el caso de «Carnaval», que interpreta con Ruth Lorenzo. Ahora sueña con invitar a ambas a cantar con él en las fiestas del Orgullo estas canciones que, además de incitar a saltar a la pista de baile, contienen mensajes de autoafirmación LGTB.

«Siempre me han señalado como el 'showman', pero se puede entretener contando algo. Los artistas tenemos voz y hay gente que nos escucha. Si puedes aportar algo, aunque sea a dos personas...», razona. Subraya en ese sentido que «no hay que dar por hecho que las cosas están solucionadas» y recuerda el asesinato del joven Samuel Luiz en A Coruña. «Yo dije que en la industria discográfica no hay la misma igualdad de oportunidades para un artista homosexual que para uno heterosexual y se me echaron encima, hasta personas del colectivo. Evidentemente estamos mejor que hace 20 años, pero no estamos bien», insiste.

«Le he cogido miedo a Eurovisión»

En su disco, temas como las más urbanas «Bestia» o «Perfecto» incitan también a moverse, pero en horizontal. «Podría haber llamado el disco 'Canciones para follar'. Me gusta hablar de sexo. Lo tengo muy naturalizado, quizás porque en mi casa nunca ha habido tabúes y porque me aburren las canciones que solo hablan de amor», argumenta tras haber sufrido la censura de algunos temas por ser «sexualmente sugerentes». Además, en el álbum se permite algunos caprichos, como cerrarlo con dos versiones en acústico («Me haría un disco entero así, pero sé que sería monótono», apunta) e incluir temas como «Sinner», en inglés, su lengua natural para cantar y escuchar música, pese a que, en su opinión, «en España no escuchamos a artistas de aquí que canten en ese idioma, excepto a Dover».

En inglés precisamente debutará como presentador a partir de enero, cuando se estrene en horario de máxima audiencia el concurso «The language of love» en el británico Channel Four, una propuesta que le llegó en paralelo con la oferta de "Ghost" cuando su horizonte era más bien sombrío. «Llevaba un año y medio sin trabajar con la pandemia y encima el disco me lo pagué yo. Estuve a punto de irme de Madrid y de volver a Mallorca para ahorrar a la espera de que todo se reactivara. Pero en junio, que era mi tope, me llamaron para las dos cosas», celebra. Ahora, desde el éxito de taquilla, no le queda mucho tiempo para plantearse otro de sus sueños: representar a España en Eurovisión, y eso que, según confiesa, alguien de RTVE le contactó para que postulara «Carnaval» al recién creado Benidorm Fest, del que en enero saldrá el candidato nacional. «Dije que no porque no es el momento. No daría a basto y he empezado a cogerle miedo a Eurovisión, a pesar de lo mucho que me gusta. He tenido gente cercana que ha ido y veo la presión que conlleva y la responsabilidad. Yo no soy tan fuerte mentalmente», apostilla.