Jaume Ripoll, director del Atlàntida Mallorca Film Festival. | M. À. Cañellas

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Primero surgió Filmin, en 2007, a las puertas de una crisis económica mundial y en un momento en el que no existía este fenómeno en auge que son las series de televisión, ni tampoco las plataformas de streaming. Después, en 2011, ese proyecto no solo se consolidó, sino que creció hasta el punto de engendrar un festival pionero que hoy ya no resulta para nada desconocido: el Atlàntida Mallorca Film Fest. Este domingo, esta imprescindible cita veraniega que aúna cultura y compromiso social cerró su undécima edición; la segunda que se celebra en época pandémica.

Una de las claves del éxito es, sin duda, la perseverancia. De hecho, el director del Atlàntida y cofundador de Filmin, Jaume Ripoll, asegura que el próximo 1 de septiembre ya se pondrán manos a la obra para organizar la próxima edición. «Cuando estábamos preparando esta undécima edición creíamos que todo habría acabado. De hecho, el cartel lo representa muy bien con la imagen de Jules et Jim, ilustrada por Girbent, que refleja esa efusividad, las ganas de correr, de abrazarse... Era un mensaje que teníamos la esperanza de poder compartir con los asistentes y espectadores y que seguimos compartiendo, por supuesto, pero el nivel de efusividad en la fiesta tiene que ser más reducido por la pandemia», cuenta.

En este sentido, el director del Atlàntida reconoce que «el año pasado nos anticipamos y nos adaptamos a la realidad. Este año teníamos la ilusión de que esto ya habría terminado, pero nos hemos tenido que ir adecuando al paso de las semanas, cambiando sedes por cuestiones de aforo para cumplir la normativa». Echando la vista atrás, Ripoll afirma que «el festival ha ido evolucionando como también lo ha hecho la industria y la visión que tenemos de Europa». «En primer lugar, la industria porque el festival nació online y evoluciona para ser híbrido. En cuanto a Europa, porque al principio nos cuestionamos ciertos planteamientos y ahora reflexionamos sobre las amenazas. Es un festival que ha entendido que la clave es la proximidad, la cercanía con la audiencia, sea en casa o en otros espacios o salas oscuras», apunta.

Asimismo, el Atlàntida, detalla, «ha crecido en todos los sentidos; en la programación, en la calidad de los invitados, en la capacidad de las sedes, en la exposición mediática, en la atracción de la industria y del público y, por supuesto, en el impacto en Mallorca. Hace unos años se nos veía como un ovni, ahora somos uno más». En todo este tiempo, insiste, lo que no ha variado ha sido la «vocación por ampliar audiencias y llegar a todo tipo de públicos, de arriesgar».

En cuanto a la presencia de la reina Letizia, quien inauguró el Atlàntida en 2019 y que presidió la clausura, Ripoll destaca su «compromiso con un festival inquieto como es el nuestro, con una plataforma independiente en Europa, con el cine y su industria y también como espectadora». Si bien el festival concluyó ayer en su formato físico, prosigue en Filmin hasta el 26 de agosto.