La artista Regina José Galindo, posando en un hotel de Artà para esta entrevista. | Pere Bota

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Nuestra mayor venganza es estar vivas es el provocador título de la performance que llevará a cabo la reconocida artista visual y poeta Regina José Galindo (Guatemala, 1974), distinguida con el León de Oro a mejor artista joven en la Bienal de Venecia en 2005, en el Cool Days Festival de Artà. Será mañana, a las 20.00 horas, en la plaza del Conqueridor. La acción contará con la participación de 37 mujeres de los dos grupos de ball de bot que hay en Artà. El número de participantes se corresponde con el número de mujeres asesinadas por violencia de género en las Islas desde 2003, año en el que empieza el registro oficial. Esta propuesta, avanza Galindo, inaugurará un díptico que culminará el 22 de junio en Italia.

El título es toda una declaración de intenciones. ¿Nuestra revolución es seguir respirando?

—Es un poema. El título va más allá, pues no nos limitamos a seguir respirando, sino que, a pesar de la muerte, a pesar del caos y de este sistema opresor, vivimos y nos regocijamos en la vida. Nuestra mayor venganza es ser felices, bailar; es no vivir en un espacio de resiliencia y lucha frontal en tortura y dolor, sino en el disfrute de la vida. Es que no logren silenciarnos y que el miedo no nos paralice.

En la propuesta participan mujeres de Artà. ¿Cómo ha llevado a cabo la toma de contacto con ellas?

—El proceso ha sido a distancia. Teníamos que realizar la performance en abril de 2020, pero un mes antes nos encerraron y no pudo ser. El discurso es el mismo que planteamos, pero por desgracia ha tomado más fuerza a raíz del último asesinato acaecido en sa Pobla, que fue triple: la mujer, que estaba embarazada, y su hijo de siete años.

El ball de bot y las castañuelas tendrán protagonismo también.

—Sí, porque queríamos localizar y focalizar el problema aquí. Es una pieza in situ que habla sobre un problema que existe en todo el mundo, pero quisimos traerlo aquí. Las castañuelas son elementos de resistencia y de lucha y de alegría. Son esculturas impermanentes. De hecho, más que performance, forma parte de una serie de proyectos de monumentos impermanentes en homenaje a la mujer que de pronto cobran vida. Estas esculturas, en cierto momento, toman un elemento de la localidad que son las castañuelas y empiezan a vivir, a tener ese especie de concierto y de canto a través del movimiento de sus manos y de su tradición.

La denuncia de la violencia de género es un eje fundamental de su trabajo artístico.

—Sí, es un tema que está desde los inicios de mi carrera, tanto como artista, hace ya 22 años, como poeta, hace algún año más. Soy de Guatemala y tuvimos esa guerra tremenda que duró 36 años y en esta guerra, como en cualquiera, el cuerpo de las mujeres fue campo de batalla. La violencia de género es un problema que atraviesa todo el planeta, es un problema de raíces económicas: la pérdida de los privilegios del sector masculino va a ser tan grande que el cambio también es muy difícil. Pero no soy activista, soy artista y me preocupa la formalidad del arte.

Todavía hay quienes insisten en que no existe la violencia de género. ¿Qué les diría?

—Cuando un hombre niega la violencia de género niega el sistema económico del cual es partícipe. Nuestro enemigo no es el machismo, es el patriarcado. El machismo es una de las caras del patriarcado, que afecta no solamente a las mujeres, sino a cualquier cuerpo vulnerado, sea el hombre que sufre bullying o el que es violado en prisión.

Justo antes del estado de alarma, en la manifestación del 8-M se proclamaba que el machismo mataba más que el coronavirus. De esto último al menos hay vacuna.

—El patriarcado es una pandemia que está con nosotros desde el principio de los tiempos. Soy optimista y creo que en estos más de cien años de lucha feminista hemos dado pasos lentos, pero que no serán revocados. Creo que dentro de cinco o siete generaciones, que lamentablemente no será la de mi hija, podremos vislumbrar un cambio en la sociedad en ese sentido.

Pero vivimos un auge de la ultraderecha y de partidos como Vox...

—Siempre ha habido partidos como Vox, de ultraderecha, pero antes había silencio. Ahora no tienen la comodidad de nuestro silencio y el hecho de que nos confrontemos es un logro. Nuestra lucha es desde la horizontalidad, sería una dictadura perversa si no hubiera debate o discusión.