«Perdóname, Ilaria»

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Garló, en su taller de Santa Ponça.

Garló, en su taller de Santa Ponça.

Un número de teléfono móvil y un nombre escrito a boli en una hoja de eucalipto fue el inicio de un amor fugaz, en el verano de 1999, en Santa Ponça. Un imberbe artista mallorquín de 18 años llamado Javier Garló conoció a una joven italiana de nombre Ilaria que trabajaba de prácticas en la recepción de un hotel.

La bella Ilaria, muy morena de piel, tenía veintilargos y quedó prendada de aquel chico que pintaba en un certamen de grafiti en el frontón del polideportivo municipal. La chica se acercó a Garló y le dio algo. «Nunca vi una hoja como esta», le dijo antes de darse la vuelta y alejarse con vergüenza.

La hoja de eucalipto

Las grandes historias nacen en pequeños detalles. Messi firmó su primer contrato con el Barcelona en una servilleta. Garló selló un amor inolvidable en una hoja de eucalipto. El romance se marchitó al cabo de unas semanas, pero la anécdota permanece grabada en la memoria del artista. Se sintió culpable porque dejó de verla y de devolverle las llamadas. Desapareció.

Casi 20 años después, dibujó a carboncillo un capitel corintio en una torre eléctrica de Portals Nous dentro del proyecto BetArt de Calvià en 2018. El artista colocó arriba de la torre una figura negra de una mujer y tituló la pieza Perdonami Ilaria. Una ofrenda para la mujer que conoció en 1999. Una disculpa.

PALMA.

La obra se encuentra en una torre de Portals.

El dibujo parte de un diseño de Antonio Labacco, arquitecto, grabador y escritor italiano del siglo XVI sobre la Roma clásica. «Era una forma de reivindicar la arquitectura de antes y la mano del artesano». Garló explica que la intervención consistía en recordar algo bello del pasado como la arquitectura romana o como Ilaria. «Era la oportunidad de juntar mi trabajo con esta historia que nació pintando. La zona me recordaba a esta persona porque se hospedaba cerca del hotel Marina Portals y creo que fue el momento de pedirle perdón».

El dibujo a carboncillo permanece intacto con el paso del tiempo. Ha sobrevivido a la lluvia y la figura tampoco ha sido derribada por el viento. Garló desconoce si las disculpas le han llegado. Perdió su teléfono y no sabe nada de ese amor de 1999. «Me gustaría que no me guarde rencor si algún día le llegan y que se lo tome como algo bonito». Algo bonito como la hoja de eucalipto con su número de móvil y su nombre. Como el breve romance de Garló e Ilaria, el artista y la musa: «Perdóname, Ilaria».

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