Estatua del rey Jaume I a caballo, que preside la plaza de España de la capital balear. | Archivo

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El Rei en Jaume cumpliría este jueves 809 años. O lo que es lo mismo: tal día como hoy, pero de hace más de ocho centurias, nació quien a la postre se convertiría en Jaume I, rey de Aragón, de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgell y señor de Montpellier.

La figura histórica de calado que se alza tras este monarca, fundamental en la historia de Mallorca al devolver la Isla y el conjunto de Baleares a la cristiandad, empezó a forjarse desde muy joven, puesto que a los diez años inició su reinado, que se prolongaría durante 58.

La muerte en batalla de su padre, Pere II, marcó su sino, y los caballeros de la orden del Temple juraron protegerlo y lo instruyeron para llegar a reinar. Durante sus primeros años de regencia tuvo que contener algunas revueltas nobiliarias y ganarse el respeto de sus caballeros, hasta que sus primeras victorias militares le dieron la razón.

Primero fue Peñíscola, luego llegaron Mallorca, el resto de Baleares y Valencia, abriendo la expansión de la corona aragonesa hacia el Mediterráneo, y consolidando sus feudos y ampliando fronteras en la convulsa península ibérica del siglo XIII.

En Mallorca, más de ochocientos años después, aún se recuerdan con interés sus gestas, e incluso frases que han pasado a la posteridad -«vergonya cavallers, vergonya» es la más recurrente- recogidas en el Llibre dels Fets, una crónica escrita por el mismo rey en la que narra la conquista de la Isla, hasta aquel momento en manos de Abú Yahya, último valí de la Mallorca musulmana y representante del imperio almohade.

Además, cada 31 de diciembre, Palma se viste de gala para celebrar la Festa de l'Estendard, una de las celebraciones civiles más antiguas de Europa, en la que se honra un pendón que representa el que el rey Jaume I trajo a la Isla, recordando la entrada de las tropas cristianas en la Madina Mayurqa.