El pintor Carlos Prieto, fotografiado en su estudio de la calle Can Cavalleria, Palma. | Guillermo Esteban

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En el ecosistema del pintor Carlos Prieto (Palma, 1987) conviven pósters de filmes de Kubrick, Pasolini o Tarantino. «El cine es indispensable en la pintura, un gran pintor siempre es un gran cinéfilo», apunta. También referencias directas a la generación beat, ése puñado de escritores que devoraban la vida, sazonada con estupefacientes y alcohol, y que luego lo trasladaban al papel. Prieto abre su taller, en el número 14 de la calle Can Cavalleria de Palma, los días 18 y 19 de septiembre, desde las 19.00. Habrá proyecciones de video maping a cargo de Lightboratory.

En Belleza robada, la exposición que presenta con motivo de la jornada de puertas abiertas en este nuevo espacio «variopinto», Prieto recopila obras de su última década como artista. Hay óleos gigantes, carboncillos y pasteles, así como piezas de su exhibición más reciente, No amarás, en Pinko de Puerto Portals.

Un lienzo de una escena frontal de bar, en el año 1900, recibe a los visitantes. «Es el cuadro por excelencia mío, donde la decadencia y la belleza se unen y forman el rojizo de la noche», explica quien persigue «la belleza en el drama. Soy una persona que sabe desarrollar y plasmar de manera positiva, irónica y cínica los momentos dramáticos. Realmente, estos personajes están heridos por sus vidas cotidianas».

Prieto, además, inaugura en Spacio Szena (Palma) Out of the blue, una colección de intervenciones en forma de collage sobre las portadas de la revista Time.

«Tengo poca competencia porque estoy trabajando en un estilo que nadie hace. Soy un pintor totalmente anacrónico, no sabría trabajar la estética actual, ni me entusiasma ni me parece atractiva».