En la base de operaciones del filme ayer reinaba la calma y solamente una gran grúa ultimaba el 'atrezzo' del barco 'Earl of Pembroke'. | Lluc Garcia

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Un goteo constante de curiosos, la mayoría de ellos turistas, se acercaron ayer durante todo el día hasta el muelle de marinería del Port de Sóller para ver de cerca el escenario del rodaje de Cloud Atlas, la película de los hermanos Wachowski que estos calurosos días de septiembre ha puesto a Sóller en el punto de mira de todos los medios.

Mientras, la oscarizada actriz Halle Berry -que se aloja en una casa de campo rodeada de olivares, lejos de miradas indiscretas- ya se ha dejado ver en diversos lugares de Sóller y del Port y, a la espera de que lleguen las otras estrellas del film -entre ellas Tom Hanks o Hugh Grant-, continúan los preparativos.

Si días atrás ya era difícil acercarse hasta el amarre del buque Earl of Pembroke, ayer ya era casi imposible. En el interior del recinto, sólo unos operarios montados en una gran grúa ultimaban el atrezzo de la nave. Por otra parte, la tranquilidad era absoluta en la base de operaciones. El aparcamiento, casi vacío y cerrado al público, esperaba todavía a media tarde la llegada del grueso del material, a bordo de grandes camiones que llegaran hoy procedentes de la Península y que, con 18 metros de largo, deberán llegar al muelle por las estrechas calles del nucleo costero solleric. Aunque ha trascendido muy poco debido al gran secretismo que rodea la producción, las primeras escenas se rodarán el miércoles.

Revolución

La relativa calma que reinaba ayer en el centro principal de rodaje contrasta de lleno con la revolución económica que ya ha supuesto para Sóller esta superproducción. Casi todas las inmobiliarias de la Vall han hecho su agosto estos días alquilando pisos, apartamentos, e incluso algún chalet de lujo, a un gran número de personas, entre actores y técnicos, que trabajan en el filme. Algunas hablan de más de 25 propiedades alquiladas, aunque seguramente son más, pero no comentan nada sobre los precios.

Las gestiones se han hecho desde la central de operaciones instalada en el convento de monjas del Port que también han alquilado dos compañías españolas de apoyo: Oberon y Calle Cruzada. Desde allí se han contratado desde habitaciones de hotel -se dice que sólo el Espléndido ha llenado cuarenta de ellas-, barcos para el transporte hasta los escenarios de Sa Calobra -tres días de fletaje completo- y muchos han sido los vecinos que se han ganado unos euros extras alquilando sus segundas viviendas en la zona.

Los primeros efectos colaterales de esta superproducción se encuentran en la incidencia directa que ya ha tenido en la economía de muchos sollerics. Y esto no es más que el principio. La acción de verdad está todavía por llegar.