Agustí Villaronga besa uno de sus premios. | JUAN MEDINA

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Casi sin dormir y, después de horas ilocalizable, Agustí Villaronga (Palma, 1953) descuelga el teléfono. Está en la calle y nos cuenta: «Llevo todo el día con entrevistas y supongo que estaré toda la tarde». Es la consecuencia de que su película, Pa negre, haya logrado nueve premios Goya. Dos de ellos, los suyos, el de dirección y guión adaptado, irán a parar a la estantería de su orgullosa madre. «Ella los disfruta más». Después de desfilar por la alfombra roja y de convertirse en el protagonista de las bodas de plata de los premios del cine español, el mallorquín repasa la gran noche de Pa negre.

-Ayer parecía muy nervioso
-No estaba muy alterado o, al menos, yo no lo notaba. Sí estaba incómodo porque no me gusta la parte esa del photocall, de posar.

-¿Oyó los pitidos del colectivo contra la 'ley Sinde'?
-En un pequeño traslado desde la carpa al teatro oímos gritos. Ese momento coincidió con la llegada de Alex de la Iglesia. Le estaban vitoreando. No oí pitidos, pero cada uno es muy libre de hacer lo que quiera.

-De la Iglesia dijo que no hablaría de la polémica en la gala. ¿Lo hizo para aclarar un discurso que nadie entendió?
-A mí me gustó mucho el discurso de Àlex. A mí y a mucha gente. Fue muy interesante, estuvo bien y sin crispar. Explicó lo que él pensaba y sus conclusiones.

-¿Las comparte?
-Las cosas que decía sí porque son absolutamente lógicas.

-Entonces, ¿por qué la lógica ha sido tan polémica?
-Porque lo que dijo no es lo mismo que ha dicho otras veces. El único error que ha cometido es manifestar sus opiniones desde una posición casi política como presidente de la Academia. Y enfrentándose a una ley que ya estaba aprobada. Se hizo una bola de algo que se podría haber debatido de puertas para adentro y no convertirlo en un circo.

-¿Cree que el domingo también fue la noche del cine catalán?
-Fue la noche del cine. Y de repente una película rodada en catalán resultó ganadora. Me parece bien, si no se emplea como una cosa reivindicativa. Es verdad que había una presencia importante de cine en catalán.

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-Marina Comas protagonizó el momento más tierno, ¿le emocionó?
-Sí, me emocionaron bastantes cosas. Me emocionó también mucho Nora. La verdad es que aguanté bastante. La última vez que subí, me encontré con Rosa María Sardá y estaba muy emocionada. Ahí noté que me aflojé, porque hay que tener un 'puntito' de tensión para estar en público. Me emocioné muchísimo, pero de puertas para dentro. No me vio nadie.

-¿Sintió en algún momento que iban a pasar cosas buenas?
-Notaba que estaban pasando. En lo que no pensaba era en la cantidad de premios. Viví cada cosa, cada persona que salía, y las mías.

-¿Qué premio le tocó la fibra?
-Desde el corazón, el de Nora. Pero en general la suma de todos. Una vez que ha pasado y te relajas, tomas conciencia de que aquello que empezó hace dos años como algo pequeño, sin pretensiones, ha ido creciendo. Eso emociona y ver que el cariño de tus compañeros y el apoyo a la película. Me hace feliz.

-Pa negre es de los filmes más premiados de la historia de los Goya.
-Eso sí y me llena muchísimo. Es muy bonito.

-Sus compañeros de Mallorca han celebrado su triunfo y reivindicado el lugar que se merece.
-Me encanta que estén al lado. No creo que haya que tirar de las orejas a nadie. A mí me han dicho cosas, que si soy marginal o no. Nunca me he sentido incómodo con eso. Tiene sus ventajas, incluso.

-¿Puede cambiar algo lo que ha pasado con usted o Monzón?
-Eso sería lo positivo. Pero no por mí o por Monzón. Sería estupendo que en Mallorca se dieran cuenta de que se puede invertir en cine y formar a la gente. Si Catalunya tiene una filmografía saneada es porque empezó un trabajo hace 20 o 25 años muy sólido.

-¿Ahora de vuelta al trabajo?
-Sí, estoy preparando una cosa para televisión sobre Eva Perón. Intentaré parar y trabajar.

-¿Tiene mono de rodar?
-Si no no ganas dinerito...