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«La película te implica, consigue empatía con el público, y eso despeja cualquier duda sobre que Agustí sea un director difícil». Nofre Moyà, presidente de la Asociación de Cineastas de Balears (ACIB), se refería así a Pa negre y su rotundo éxito en la ceremonia de los Goya, en la que consiguió nueve premios, dos para su director, Agustí Villaronga. Pero la alegría por el triunfo de su colega con un filme rodado en catalán y en la 'periferia' quedaba algo empañada cuando, tanto Moyà como los directores y productores locales contactados por este diario, recordaban cómo Villaronga vino a esta comunidad autónoma en busca de ayuda y desde las administraciones públicas se le negaron el pan y la sal. Los 30.000 euros que aportó IB3 no les parecen un hecho significativo.

Que los Goya los ganó una «buena película» de un director con talento y con «una capacidad para contar historias con un sello particular», nadie tiene duda. Lo que en el sector ya no queda tan claro es si este éxito ayudará a que los políticos baleares se planteen que el audiovisual «aquí puede ser una industria que genere riqueza y representación en el exterior», como dice Luis Ortas. De momento, el «Govern carece de política audiovisual», según Pedro Barbadillo.