Archivo - Audiencia Provincial de Almería | EUROPA PRESS - Archivo

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Un tribunal de jurado ha declarado culpable a J.A.J.P. de haber intentado acabar con la vida de su exsuegra y haber matado al hermano de esta en la vivienda de ambos en Roquetas de Mar (Almería) después de que acudiera al domicilio armado con un cuchillo de cocina oculto entre sus ropajes con el objetivo de robarles una caja de caudales en la que guardaban joyas y el dinero que ahorraban de su pensión.

En su minucioso veredicto emitido por unanimidad, los miembros del jurado han considerado que el acusado actuó de forma deliberada y bajo un plan sin estar influenciado por el consumo de drogas o alcohol en base a las pruebas forenses practicadas y las declaraciones realizadas en sala durante los tres días que ha durado el juicio.

A tenor del veredicto, la Fiscalía ha elevado a definitiva su acusación por los delitos de asesinato, asesinato en tentativa y robo con violencia por los que pide para el culpable un total de 45 años de prisión; una petición a la que se ha adherido la acusación particular mientras que la defensa, por su parte, ha solicitado las penas mínimas por robo y homicidio.

Durante los 20 minutos que ha durado la lectura del veredicto emitido a última hora de la tarde, el tribunal presidido por la magistrada Soledad Jiménez de Cisneros ha señalado que el acusado acudió al piso de su exsuegra el 3 de enero de 2021 «con ánimo de obtener el dinero y las joyas» que la mujer guardaba en una caja de su armario.

Para ello, bajó desde su casa al piso de las víctimas y tocó al timbre con la excusa de probarse unas zapatillas deportivas que le había comprado su exmujer, de la que tenía una orden de alejamiento. Así, en un momento dado, y con la excusa de ir al baño, se dirigió al dormitorio de su exsuegra, quien los siguió al sospechar de sus intenciones.

Al ser sorprendido y recriminado por la mujer, el acusado se volvió hacia ella y le clavó un cuchillo de cocina en el costado derecho, rompiéndole dos costillas y provocándole heridas de riesgo vital, de modo que «de no haber sido atendida, habría muerto». La mujer, que no tuvo la posibilidad de defenderse al no apreciarse signos de defensa, cayó inconsciente al suelo.

Acto seguido, antes de abandonar la vivienda en la que no se apreciaron tampoco signos de lucha por parte de los investigadores, el acusado apuñaló hasta en seis ocasiones al hermano de su exsuegra, quien se encontraba sentado en un sofá, sin que tuviera la posibilidad de levantarse en base a la trayectoria de las cuchilladas descritas por las forenses.

Dos de las seis puñaladas asestadas en la víctima fueron «mortales de necesidad» al haber destruido el corazón, de forma que el hombre no habría sobrevivido pese a recibir asistencia médica. La sangre de la víctima quedó impregnada en las zapatillas y los pantalones del agresor, quien se deshizo del arma al arrojarla al fregadero, donde se halló diez días después por la hija de la víctima.

La pulsera GPS que portaba el acusado, en base a la orden de alejamiento de su exmujer, así como la grabación del sistema de teleasistencia que la superviviente accionó tras recobrar el conocimiento, permitieron situar al acusado en el lugar de los hechos.

El propio acusado se llegó a identificar ante la operadora del servicio de teleasistencia por su nombre y como el «yerno» de la víctima, ante la que aseguró que se había llamado por error mientras que, de fondo, se escuchaba a su exsuegra solicitar ayuda. La operadora realizó una segunda llamada en la que el acusado se volvió a identificar y dijo que la mujer no podía contestar a la llamada, por estar en el baño.

Las cámaras de seguridad del garaje del edificio también captaron al acusado cuando salía del inmueble con la caja de caudales y una riñonera. El hombre cogió su coche y acudió a un club de alterne, donde también fue captado por la videovigilancia de la zona.

Asimismo, el sistema GPS que fue activado por la hija de la víctima, tras recibir una llamada de su madre, permitió a las autoridades localizar al hombre en una de las habitaciones del club en compañía de una trabajadora cuando se disponía a esnifar cocaína. Para entonces, se había arrancado la pulsera de localización y la había metido en la cisterna del inodoro.

La intervención permitió recuperar la caja de caudales con unos 3.500 euros en su interior y joyas, que fueron reconocidas por su propietarias. Los jurados han decidido, por mayoría, que el acusado pueda acceder al indulto conforme a lo «que corresponda a derecho». El juicio ha quedado visto para sentencia.