Imagen de archivo de Rafael Nadal. | LUKAS COCH

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El calvario de Rafael Nadal por su lesión en el psoas ilíaco de la pierna izquierda se ha prolongado con la peor de las noticias, ya que todo apunta a que no podrá competir en Roland Garros. El ganador de 22 títulos de Grand Slam ha programado una rueda de prensa para este jueves en su academia en Manacor para explicar su situación.

Nadal no compite desde el pasado mes de enero cuando se lesionó mientras disputaba el Abierto de Australia y los plazos para su recuperación se han ido retrasando. El pronóstico inicial señaló un período de recuperación que oscilaba entre las seis y las ocho semanas, pero los plazos no se fueron cumpliendo. Inicialmente cabía la posibilidad de que llegara a tiempo para competir en el Masters 1.000 de Indian Wells, pero tras renunciar al torneo en el desierto californiano evidenció que sus problemas físicos eran más importantes de lo que parecía.

El mallorquín comenzó a ejercitarse sobre tierra batida con la intención de disputar el tramo más importante de su temporada, pero la recuperación no marchaba por buen camino. Dijo adiós a Montecarlo y Barcelona y poco después, cuando anunció que no estaría en Madrid, desveló un cambio en el tratamiento y la preparación para intentar llegar a tiempo a Roland Garros. La renuncia a Roma elevó las incógnitas que tiene previsto despejar sobre su participación en París este jueves, aunque todo apunta que no estará en condiciones de defender su trono sobre la arcilla gala.

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Desde su debut en Roland Garros en 2005 Rafael Nadal no se ha perdido ninguna edición y ha levantado la Copa de los Mosqueteros hasta en 14 ocasiones estableciendo un récord de victorias en un mismo torneo del Grand Slam que ha perpetuado su leyenda en París, que este miércoles ha recibido el mazazo de la más que probable renuncia de su gran campeón.

La prioridad de Nadal, que este miércoles no se ejercitó en Manacor, siempre ha sido sentirse competitivo y se presumía muy complejo afrontar un torneo de la dimensión de Roland Garros después de cuatro meses sin competir. Aunque su propio entrenador, Carlos Moyà, señaló que era una «leyenda urbana» que el manacorí necesitaba muchos partidos para alcanzar su mejor versión en un grande, pelear por lo máximo en París era inasumible sin estar al cien por cien físicamente. No se le ha olvidado jugar, pero tampoco puede olvidarse de las limitaciones que tiene por culpa de una lesión en el psoas ilíaco que le sigue trayendo de cabeza.

Durante muchos años ha acreditado su capacidad para competir con dolor. El pasado Roland Garros, de hecho, se tuvo que someter a constantes infiltraciones para mantener a raya sus problemas en el escafoides del pie izquierdo, pero ahora no quiere cometer locuras que hipotequen su futuro en el circuito y menos con una lesión que resulta incapacitante.

La consecuencia, más allá del varapalo anímico para el balear, que había estado apurando todas las opciones para reaparecer sobre la superficie que ha dominado con mano de hierro, será significativa en la clasificación mundial. No en vano perderá los 2.000 puntos que defendía como campeón de Roland Garros lo que le hará retroceder más allá del top 100 del ránking. Dicha situación le dejaría fuera de los cuadros principales de los principales torneos, aunque cualquier organizador estaría encantado de concederle una invitación para volver a jugar.