Rafael Nadal durante el encuentro contra Jannik Sinner. | CAROLINE BLUMBERG

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Rafael Nadal ya está en cuartos de final de Roland Garros y una vez más sin ceder un set, incluso con la impresión de ir dosificándose durante el mismo partido para marcar las diferencias cuando llega el momento de la verdad. Es lo que da la experiencia para sofocar el intento de rebelión de un Jannik Sinner que no ha sabido sobreponerse al mazazo de dejar escapar el primer set (el italiano ganaba 5-3). A partir del golpe moral de la manga inicial, el defensor de la corona no ha dado opción anotándose ocho juegos seguidos y su rival ha terminado rindiéndose a la evidencia en el tercero (7-5, 6-3 y 6-0).

La mejor noticia para los intereses del trece veces ganador de la Copa de los Mosqueteros es la velocidad en la que está resolviendo cada uno de sus compromisos. Aún no se ha llevado sofocos y avanza con las energías intactas. No es una cuestión baladí cuando acaba de cumplir 35 años y lo más complicado es recuperarse de un gran esfuerzo. Nada mejor que manejarse con el depósito lleno antes de enfilar unas rondas que elevan su exigencia de forma exponencial.

Le aguarda Diego Schwartzmann en los cuartos de final y el argentino ha sido de los pocos que puede presumir de haber tenido al balear contra las cuerdas en Roland Garros. La lluvia le echó un cable al mallorquín para salir del lío en el que se había metido, resetear y acabar llevándose el encuentro. Aquello fue un sofocón de verdad y precisamente ese recuerdo seguro que resonará en la cabeza de ambos.

El que se llevó un calentón fue Djokovic, que sobrevivió a Musetti. El serbio cambió por completo el partido tras marcharse a los vestuarios con dos sets en contra. Llegó, vio y venció ante otro joven tenista italiano que a buen seguro recordará este 7 de junio en el que pudo liquidar al número uno del mundo y acabó retirándose en el quinto set. La juventud bien avisando, pero siguen mandando los galones.