La marea roja desembarca en Palma. | Miquel Alzamora

TW
37

Sin dormir, con caras de cansancio y encima con el dolor de la derrota. Los ochocientos mallorquinistas cuya elección fue viajar a Sevilla en barco y después en autocar llegaron este domingo por la tarde a Palma tras una travesía que muchos de ellos calificaron de «horrible» por las condiciones que tuvieron que sufrir en el buque de la naviera GNV, que no preparó el buque para albergar la presencia de casi un millar de personas.

El Moviment Mallorquinista y Veloviajes han lamentado durante estos días los inconvenientes ocasionados en el ferry y que escaparon de su control. También se apuntó que se trabajará para esclarecer lo sucedido y emitirán un comunicado conjunto para dar los detalles de lo ocurrido. Este domingo se entremezcló la tristeza por no haber ganado el trofeo con el agotamiento del viaje. «Los de mi generación ya tenemos nuestro Mestalla; esperemos que también llegue nuestro Elche», indicó un joven aficionado.

Los seguidores, sin embargo, se mostraron especialmente enfadados con la naviera y explicaron que la travesía había sido terrible. Desde que se concentraron en el parking de Son Moix a las seis de la tarde del viernes, hasta ayer a las ocho de cuando se produjo el desembarco, pasaron prácticamente cincuenta horas de travesía por mar y tierra. Ocho horas surcando el mar y más de nueve de autobús entre Valencia y Sevilla y viceversa dejan mella en el rostro del más entero. Son los grandes héroes de una final que no se ganó, pero y que ellos sufrieron el doble.   

Alguno de ellos pudo contratar un camarote, pero fueron los menos. Otros tuvieron incluso el privilegio de una butaca, pero la gran mayoría, el porcentaje mayoritario, tuvo que superar la travesía en sillas o dormidos por los suelos. Ayer algunos de ellos relataban la experiencia.

Noticias relacionadas

«Tanto la ida como la vuelta han sido problemáticos porque eran 120 butacas para más de 800 butacas en el barco y nos hemos comido ocho horas durmiendo en el suelo y en el bus al menos hemos podido dormir. La vuelta ha sido una paliza porque regresamos con más de ocho horas de retraso porque solo había una persona haciendo el embarque de los ochocientos que éramos. Debíamos salir a las diez y lo hicimos a la una y media pasadas», relataba uno de los aficionados nada más pisar tierra.

José Luis, otro de los seguidores del equipo, calificaba de «lamentable y horrible» el comportamiento de la naviera. «Hemos estado sin comida, no había sillas para todos y nos han tratado muy mal», declaraba.    Tomeu Caldentey, de la peña mallorquinista de Artà, explicaba los pormenores sufridos. «Teóricamente teníamos derecho a butaca, pero no había para todos y tuvimos que buscarnos la vida. Algunos pudimos pillar camarote en el último momento, otros no. El Moviment Mallorquinista ha hecho todo lo posible para ayudar, estamos encantados con su organización, no es responsabilidad y desde aquí todo nuestro apoyo», indicaba Tomeu.

El problema mayoritario fue que entre plazas de camarote y de butaca no cumplían con la cantidad que la compañía en su día había ofertado y eso generó un problema terrible porque en muchas imágenes que se han trasladado, los seguidores tuvieron que dormir en el suelo y por los pasillos.

Agradecimiento

Desde el Moviment también se agradeció a los conductores de Autocares Comas el esfuerzo realizado durante el viaje y su profesionalidad en todo momento.   

Por otra parte, ni en el puerto de Palma ni tampoco en el párking de Son Moix, donde llegaron los autocares para dejar a los aficionados en sus vehículos, nadie del club fue a recibir a esta gran masa de seguidores, que sufrieron una situación muy difícil. Tanto el presidente Miquel Contestí en el 91 como también Bartolomé Beltrán en el 98 acudieron al puerto para saludar a los seguidores tras las derrotas en el Bernabéu y Mestalla. Fue un viaje agotador y un ejemplo de malorquinismo por parte de todos.