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Son Moix se ha convertido en un estadio modélico. Este sábado celebró la fiesta de la inauguración del que es ahora un campo de fútbol moderno, sin pista de atletismo y con las gradas mucho más cerca del césped. No hay duda de que es una clara demostración del crecimiento de la Sociedad Anónima Deportiva y del compromiso de la propiedad con la entidad. Y eso que ya saben que me encantaría que el Mallorca fuera de mallorquines. Y de cuántos más, mejor.

La afición responde de forma positiva a un consejo de administración sin mallorquines y la entidad tiene ya más de 20.000 abonados, pese a que el presidente como Andy Kohlberg está poco o nada conectado con la sociedad isleña. Y también es cierto que el Mallorca se intenta mallorquinizar con dimonis en la previa de cada partido e incluso sonó La Balanguera. De hecho, se podían escuchar acordes del himno de Mallorca cuando los jugadores salían al terreno de juego.

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Hay satisfacción generalizada, pero permítanme que muestre mis dudas sobre la conveniencia de descontextualizar una fiesta de dimonis. Y, evidentemente, me parece una falta de respeto que el himno de Mallorca no tenga la solemnidad que debería tener.

El presidente Kohlberg ha recibido en las últimas horas elogios, supongo que merecidos, por su alocución en castellano en la fiesta del pasado viernes en Son Moix. Y es que está acostumbrado a hablar en inglés y parece ser que no necesita el castellano para casi nada. Es decir, dimonis, foc i fum, La Balanguera, pero nada de nada de hablar en nuestra lengua. En fin…

Por cierto, el Mallorca solo pudo empatar (1-1) ante el Celta en un partido que el conjunto de Javier Aguirre comenzó perdiendo, que empató antes de llegar al descanso y que debió ganar en el segundo tiempo. Faltó puntería.