El delantero del Mallorca Vedat Muriqi celebra junto a Antonio Sánchez y Abdón Prats tras marcar ante el Elche un gol que fue anulado poco después. | Cati Cladera

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El Real Mallorca todavía no ha aprendido a vivir sin Vedat Muriqi. Faro en ataque desde hace trece meses, el internacional kosovar tiene una incidencia especial sobre el conjunto balear. En sus números y en su estado de ánimo. La onda expansiva de lo que genera el Pirata llega incluso a la grada, que vibra con cada uno de sus gestos y lo ha convertido en el icono que necesitaba. El domingo, contra la Real Sociedad (14.00 horas), una sanción por acumulación de amonestaciones obligará al equipo a salir al campo sin él. Será la cuarta vez desde que ambos cruzaron sus caminos. Y las tres anteriores acabaron de la misma forma: con una derrota a la espalda.

A Muriqi los dos partidos que ha jugado contra el Elche esta temporada le han salido caros. El pasado sábado, antes de celebrar un gol que Munuera Montero iba a dejar sin efecto, recibió la quinta tarjeta amarilla del curso por, según el acta, «disputar el balón con el brazo extendido, impactando en un adversario de forma temeraria». Meses atrás, en el encuentro de la primera vuelta, tampoco le había ido mucho mejor. Marcó un gol, pero esa misma noche falló un penalti y acabó yéndose a la ducha antes de tiempo por «golpear a un adversario —Pere Milla— con su mano en la cara estando el balón en juego, pero no a distancia de ser jugado». Aquella expulsión le costó dos partidos de castigo. Los únicos que se ha perdido esta temporada.

Aguirre tiene toda la semana para buscar un plan alternativa en una posición en la que hay un salto muy pronunciado entre su primera opción y las siguientes. En el primero de esos partidos que le tocó jugar sin Muriqi a mediados de octubre, contra el Sevilla en Son Moix, apostó de inicio por Abdón Prats. El de Artà, que hasta ese momento no había sido titular y que no ha vuelto a serlo después, aguantó los primeros 57 minutos sobre el campo y a partir de ahí su plaza la ocupó Ángel Rodríguez. Ninguno de los dos encontró el centro de la diana (0-1).

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Cuatro días más tarde, en una jornada intersemanal, el Mallorca visitó el campo de la Real Sociedad, su rival de este domingo. Ese día Javier Aguirre tiró de Ángel como nueve y el tinerfeño, que estampó un balón contra el palo, tampoco pudo ayudar a que el Mallorca marcara. El único gol esa noche lo anotó Amath, pero Ortiz Arias lo anuló por una supuesta falta previa y los baleares se largaron de Anoeta con la bolsa vacía.

El otro partido del Mallorca que se ha perdido Muriqi corresponde a la temporada pasada. En plena carrera de fondo por la permanencia, al equipo de Aguirre le tocaba visitar el Camp Nou y en el encuentro anterior —en casa, frente al Alavés— forzaba la quinta amarilla para llegar limpio a las jornadas finales. De salida, el técnico apostó esa por juntar a Fer Niño y a Ángel, aunque el único gol del partido, que no sirvió de mucho, lo marcó Raíllo (2-1).

Autor de casi la mitad de los goles que acumula el Mallorca —10 de 21—, la baja de Muriqi abre un boquete en los últimos metros que será difícil de llenar. Sus teóricos recambios, Ángel y Abdón, están en el furgón de cola del grupo en cuanto a minutos jugados y solo el de Artà, el día del Valladolid, ha visto puerta en el campeonato. Las otras dos opciones que tiene el mexicano son Tino Kadewere —un gol, contra el Villarreal en casa— y Amath Ndiaye —un gol, contra el Villarreal en el Ciutat de València— aunque tanto uno como otro siguen ajustando el punto de mira. Mientras aprende a vivir sin el Pirata, el equipo también tiene que encontrar algo de pólvora.