Vicente Moreno, entrenador del Espanyol, y Luis García Plaza, técnico del Mallorca, volverán a enfrentarse en Son Moix por tercera ocasión en menos de un año. De momento, cada uno de ellos ha ganado un asalto. | M.A. BORRÀS

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A finales de julio de 2020, cuando Vicente Moreno y el Mallorca oficializaban su divorcio, algo podía intuirse aunque pocos sospechaban entonces que el técnico del Espanyol llegaría a convertirse tan pronto en el enemigo más íntimo del conjunto bermellón. El entrenador del doble ascenso, que desde su salida ha caminado siempre en paralelo a los baleares, vuelve mañana a Palma para ajustar cuentas en la Copa del Rey, un torneo al que nunca le sacó demasiada punta durante su estancia en la isla. Será la visita más repetida de los últimos años, ya que el de Massanassa volverá al área técnica de Son Moix por tercera ocasión en apenas once meses, más que nadie en ese tiempo. Sin embargo, tampoco se espera una cita rutinaria. Esta vez lo hará con el ambiente parcialmente contaminado en los alrededores del Camí dels Reis y coincidiendo con la peor racha de resultados de su sucesor, Luis García Plaza, al que después de tres derrotas seguidas le puede meter otra piedra en la mochila.

De momento, Moreno ha vivido sus enfrentamientos contra el Mallorca desde todas las perspectivas posibles. Saldó con un empate sin goles el primer reencuentro, localizado en Cornellà, y sus dos visitas a Son Moix han ido de un lado al otro. En la primera, el día de San Valentín de 2021, salvó un momento complejo para él y su equipo ganando con un tanto del belga Landry Dimata un partido en el que se adelantó por dos veces, la última de ellas definitiva (1-2). En su segunda incursión en la que era su casa, el pasado mes de agosto, salió peor parado. El Mallorca, lanzado en sus inicios, le atropelló con un tanto de DaniRodríguez y se llenó los bolsillos con una de las cuatro únicas victorias (1-0) que ha logrado en la primera vuelta de la Liga.

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Lo que no cambiará esta vez será la respuesta del mallorquinismo, que todavía no ha olvidado la salida de Moreno ni sus formas. Y en ese sentido, el número de espectadores y decibelios ha ido fluctuando. Su primera visita fue a puerta cerrada, en la segunda había 7.529 espectadores en las gradas y esta vez, pese a las últimas restricciones, podrán acceder al estadio todos los abonados del club.

Para el Mallorca, además de una buena oportunidad para regenerar su estado de ánimo, el partido de Copa contra el Espanyol también podría servirle para romper el que ha sido su techo en el torneo desde hace diez años. La última vez que los rojinegros se metieron en cuartos fue con Joaquín Caparrós, en la temporada 2011-12.