Los jugadores del Real Mallorca, durante un reciente entrenamiento celebrado en Son Moix. | Redacción Deportes

El pasado 31 de agosto, cuando se sorteó el calendario en Las Rozas, solo había ojos para este partido. Por varias razones. Porque suponía todo un choque de trenes con la Liga ya madura, porque ese día iba a desfilar en Palma el que se elevaba ya como el gran elegido para el ascenso y, por encima de todo, porque iba a traer al área técnica de Son Moix, al entrenador que había vivido felizmente en ella los tres últimos años.

El destino ha querido además que esa cita que lleva casi medio año marcada en negrita se represente en la intimidad y entre las flores de San Valentín, aunque vaya a tener poco de amorosa. El Mallorca de Luis García Plaza contra el Espanyol de Vicente Moreno. El encuentro más esperado de la temporada. Y quién sabe si uno de los más determinantes en la subasta por el ascenso (#Vamos, 14.00 horas).

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Evidentemente, no va a ser el partido definitivo. Básicamente, porque cuando Arcediano Monescillo despida la función, a eso de las cuatro de la tarde, al libro de la Liga le quedarán todavía diecisiete páginas por escribir. Tiempo y espacio suficiente para darle un revolcón a la tabla e invertir los papeles. Sin embargo, también es verdad que habría sido menos influyente en otro momento de la competición. Ahora, con el Mallorca circulando a toda velocidad y el Espanyol bordeando la depresión, puede servir para acercarlo todo o para agrandar esa grieta que hay entre uno y otro.

Sobre los tacos de salida, la ventaja es para un Mallorca que en el peor de los supuestos seguirá por delante cuando de la jornada eche el pestillo.