Los jugadores del Mallorca se retiran del campo al final del encuentro ante el Granada. | Miquel Àngel Llabrés

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En agosto, el ayudante de Vicente Moreno ya avistó fuego en la preparación de la temporada y apretó el botón de alarma. Apenas eran unas llamaradas, pero fueron ignoradas tanto por la Administración Sarver como por Maheta Molango -despedido a comienzos de febrero- y la dirección deportiva. Once meses después, el incendio ha sido devastador y se ha llevado por delante la Primera División, el mayor patrimonio del club, y al propio entrenador que había logrado construir el edificio desde las ruinas de la Segunda División B. Esta disparidad de criterios entre los dueños y el cuerpo técnico, que solicitó fichaje con experiencia en Primera y llegaron tipos como Salibur, Chavarría o Trajkovski, desembocó en el descenso después de una travesía terrible a domicilio (cinco puntos en toda la temporada) y del mayor número de derrotas de toda su historia en la máxima categoría.

Como traca final, a comienzos de esta misma semana, Vicente Moreno comunicó a la propiedad sus intenciones de abandonar la entidad al finalizar la presente temporada. Las desavenencias con Pablo Ortells (el nuevo director de fútbol del club) en la futura planificación y la lista de errores cometidos en el pasado han propiciado esa decisión, que previsiblemente se hará oficial en el transcurso de la próxima semana, una vez consumada la debacle.

En descenso durante más de media temporada (19 jornadas y de una forma ininterrumpida desde la vigésimo tercera jornada) muchos son los factores que han agrandado la brecha balear durante su efímero regreso a la nobleza. La falta de puntería -no ha marcado gol en casi la mitad de los encuentros-, su fragilidad defensiva -ha encajado más de sesenta goles-, el mayor número de derrotas de su historia en Primera y una tarjeta a domicilio sonrojante -ha sido el peor equipo de las grandes ligas europeas como visitante-, además de su irregular rendimiento en esta liga exprés de once jornadas, han provocado su caída por el precipicio de una Primera División que asaltó de forma imprevista hace ahora trece meses.

El Mallorca cerró la primera vuelta en descenso después de encadenar seis jornadas sin ganar -un punto sobre 18 posibles- y con 15 puntos, la tercera peor marca de su historia reciente en Primera. En la segunda parte del torneo, marcado por el parón de tres meses por la pandemia del coronavirus, las huestes de Moreno han mejorado ligeramente esos números, pero la reacción ha sido insuficiente.

Una de las cuestiones que más debates ha generado durante el campeonato afecta a las incorporaciones. La falta de calidad de los fichajes ha sido palmaria y Vicente Moreno optó por mantener su confianza en la base del grupo que hace dos temporadas militaba en Segunda División B. De hecho, casi la mitad del vestuario (12 futbolistas) desfilaron por la categoría de bronce con la camiseta rojilla.

La mayoría de las inversiones realizadas por el club balear, con el límite más bajo de la Primera División, han fracasado con estrépito. De los fichajes solo ha rendido el japonés Take Kubo y el papel de jugadores como Salibur, Trajkovski, Señé o Pablo Chavarría ha quedado reducido a la nada, mientras que otros (como Álex Alegría) se fueron en el mercado de invierno. Tampoco en la segunda ventaja de fichajes la entidad fue capaz de arreglar el desaguisado. Llegaron Pozo, Koutris y el coreano Ki y de ellos solo el primero ha finalizado la temporada.

El agujero negro del lateral izquierdo no ha sido cubierto y se ha convertido en uno de los puntos débiles del equipo.

El Mallorca fue de más a menos en la primera parte de la temporada. En las primeras nueve jornadas de competición, el grupo balear dio la cara. Logró tres victorias (Eibar, Espanyol y Real Madrid) y un empate (Athletic) que le permitieron cruzar la novena jornada con diez puntos, fuera del descenso y en plena ascensión clasificatoria. Sin embargo, los números en la segunda parte de esta primera vuelta fueron diametralmente opuestos.

Más de lo mismo sucedió tras cruzar el acuerdo, aunque curiosamente la Liga frenó en seco coincidiendo con la única victoria de todo el curso a domicilio: 1-2 en Eibar. Y es que el Mallorca ha firmado uno de los peores registros de toda su historia como visitante: una victoria, dos empates y nada menos que quince derrotas, con trece goles a favor y 41 en contra.

La buena imagen mostrada en Mestalla en su primera salida fue un espejismo. Siete derrotas consecutivas en las siete primeras salidas, con goleadas en Getafe, Valladolid o el Nou Camp, han empujado al grupo balear al pozo.

El VAR ha sido uno de los indiscutibles protagonistas de la primera vuelta. Y el Mallorca es, con diferencia, el equipo que ha estado implicado en más penaltis. Nada menos que 26. El equipo balear ha recibido diez penaltis a favor y nada menos que dieciséis -una marca inédita- en contra, liderando esta categoría.

Para rematar una temporada nefasta, la traca final llegó esta misma semana con las intenciones de Vicente Moreno de no continuar en el banquillo... una noticia que ha causado un socavón en el mallorquinismo.