Rectificar. Tras cinco jornadas de sufrimiento y pocas respuestas, el Mallorca está obligado a reaccionar. | CARLA CORTÉS.

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El Mallorca tiene un mes para recomponer la figura y ganar músculo. Tras cinco jornadas en el túnel, el conjunto de Vicente Moreno destapará en Paterna un abril tan intenso como decisivo en el que además de acelerar el papeleo para asegurar la primera plaza deberá taponar todas esas grietas por las que se le ha ido parte del crédito y han entrado las dudas. En total, disputará cinco de los últimos siete partidos que le faltan por tachar en el calendario y definirá su postura ante una fase de ascenso en la que ya no tendrá escapatorias. Para mayo solo quedarán dos duelos, aparentemente de trámite, ante Badalona y Deportivo Aragón que serán el escalón previo al playoff.

El conjunto balear no pasa por un buen momento. Ha mantenido el tipo como ha podido y apenas ha perdido distancia con respecto a los equipos que tiene a la espalda, aunque su imagen se ha ido deteriorando a medida que se acerca a la meta. En estas cinco jornadas que ha pasado sin levantar los brazos ha encajado dos derrotas (Cornellà y Ebro) y ha salvado dos empates agónicos con goles cantados sobre la misma bocina (Formentera y Hércules).

Y en el único partido en el que no tuvo que esperar al epílogo para cosechar (Villarreal B), fue claramente superado. Un tramo maldito de la competición en el que ha confirmado su mal momento y en el que ha sido el tercer peor equipo de la liga. Ha sumado los mismos puntos que Llagostera y Alcoyano (3) y solo uno más que el Saguntino (2), todos ellos enfrascados en el vagón de cola.

La parálisis que sufre el Mallorca afecta a todos los rincones del campo y es mucho más preocupante que los números, ya que el conjunto de Vicente Moreno llenó casi por completo el granero durante la primera vuelta y empezó a apalabrar el primer puesto del grupo III. En cualquier caso, esa es solo la primera etapa del viaje. Lo único que le puede dar sentido al proyecto que ha construido esta temporada el club es el ascenso. Y a medida que se arrima a esa fecha marcada en rojo (las primeras eliminatorias y las más decisivas para los campeones se representarán los días 20 y 27 de mayo ) parece ir perdiendo altura.

La palidez mallorquinista comienza en el área de Reina, que también lleva cinco jornadas sin dejar la portería a cero y encajando goles que llegan servidos por una serie de errores inimaginables hace unos meses. Continúa en el centro del campo, donde el equipo no carbura y es incapaz de imponerse. Y termina en el ataque, ya que de un tiempo a esta parte los rojillos solo saben marcar a balón parado. El último tanto que acuñó componiendo una jugado lo firmó Joan Sastre, ante el Ontinyent, el 4 de febrero. Desde entonces sus goles se resumen en tres penaltis, un libre directo y un córner. Ni la vuelta de Lago Junior y Àlex López ha mejorado esa faceta. Ni mucho menos.

Si el Mallorca no inicia el mes de abril con buen pie ante el Valencia Mestalla igualará la racha de partidos sin ganar que trazó entre diciembre y enero y seguirá alimentando las incógnitas.