Gabriel Cerdà y Llorenç Serra Ferrer. | Jaume Morey

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Serra Ferrer y Gabriel Cerdà juegan a la ruleta rusa... con el Real Mallorca. El cargador ya aprieta la sien, el dedo está en el gatillo, el sudor se apodera de la frente y la vista mira de reojo el revolver. Miedo. Es una apuesta a vida o muerte. Los apoderados rechazan entregar la ayuda al descenso a los acreedores, tal y como indica el convenio aprobado y rechazando la tesis del creador del texto, Miquel Coca. Su interpretación es diferente y no se ajusta a la naturaleza del acuerdo. ¿Qué consecuencias puede tener un error de estrategia?

La interpretación de Gabriel Cerdà es ya conocida y entiende que el Mallorca no recibe ningún tipo de «ayuda al descenso» y en su opinión los 3 millones que entregará la LFP es un «préstamo» que debe devolverse cuando se recupere la categoría y los 5 del G-30 es el resultado de un «seguro» que reciben los clubes que descienden y que con anterioridad cada uno de ellos ha depositado cierta cantidad restándola de sus presupuestos. Los acreedores se aferran al convenio, que en su punto 3 ofrece pocas interpretaciones e indique que «se destinarán a amortizar anticipadamente el importe de los créditos ordinarios las sumas líquidas que, en caso de descenso de categoría, reciba el club en concepto de ayuda al descenso». Coca también se manifiesta en la misma dirección.

Desde el punto de vista más 'popular' es preferible invertir este dinero en la adquisición de futbolistas o en pagar las fichas más elevadas que no en ir rebajando la deuda con los acreedores. La intención de los apoderados es desviar estos ocho millones que percibirá e incluirlos en el presupuesto para conseguir alcanzar la cifra aproximada de diez millones. Sin embargo, ¿qué condicionantes puede tener esta decisión en el futuro? Inicialmente el Mallorca se expone a que le lluevan las demandas por parte de los acreedores, que valorando lo dicho por Miquel Coca y el punto 3 del convenio, tienen muchas opciones de tener la razón en un proceso judicial. A partir de ahí se presentan dos opciones: o pagar, o la liquidación del club. No hay más.

Un error en la estrategia de Cerdà y de Serra puede ser fatal para los intereses del Mallorca, que en caso de no salir victorioso puede verse obligado a pagar estos 8 millones en un año o dos, dependiendo de lo que dure el proceso. ¿Habrá entonces margen de maniobra para conseguir este dinero? ¿Podrá el club movilizar activos para enmendar el posible error? Lo que está claro es que si pierde en los tribunales y no asume la entrega de esta cantidad a los acreedores, el club está abocado a la liquidación. ¿No es un riesgo excesivo? Lo que puede ser pan para hoy, puede llegar a convertirse en una losa insalvable de cara al futuro. Si Gabriel Cerdà y Serra Ferrer van a esta guerra no pueden permitirse el lujo de perderla. No pueden regresar del frente tras ser humillados en las trincheras.

En su momento los apoderados, junto a Jaume Cladera, expresidente del club, incluyeron la quita del concurso para presentar un balance final con superávit, se trataba de una maniobra legal, pero virtual con el fin de neutralizar los resultados terribles con los que se cerró el curso 2011/2012. De esta forma se compensó un ejercicio muy negativo. Ahora se pretende cubrir un presupuesto con un dinero que, sobre el papel, es de los acreedores. Excesivas maniobras sobre un alambre muy fino, que un día terminará por romperse. Un día el gatillo empujará a la bala. Y no habrá marcha atrás.