Gonzalo Castro abraza a Víctor Casadesús para celebrar un gol del Mallorca.

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Con discreción y sin levantar una sola mota de polvo hasta divisar la línea de meta de su maraton por la Liga, el Mallorca está a punto de ponerle el lazo a un final de temporada de ensueño. Acostumbrado a circular todo el año sobre un asfalto irregular y lleno de socavones, el conjunto de Caparrós ha aprovechado el impulso de la permanencia para soltarse la melena y mirar hacia arriba sin complejos de ningún tipo. Tanto, que está a punto de abrochar el curso con uno de los finales más brillantes que ha conocido el club a lo largo de su historia. Porque si el grupo bermellón es capaz de dar el golpe mañana en el Bernabéu enlazaría su quinto triunfo consecutivo y abriría las puertas de Europa a lo grande, clavando su bandera en el feudo del campeón e igualando una de las mejores marcas que dan lustre a su biografía en la máxima categoría.

La versión más actual del cuadro mallorquinista parece no conocer el término medio y ha acabado en menos de un mes con esa intermitencia que presidía sus números y le impedía alzar el vuelo. De hecho, el equipo arrastraba esa carga desde la temporada anterior y durante catorce meses (de enero de 2011 a marzo de 2012) fue incapaz de conectar dos alegrías consecutivas. Afortunadamente, la visita del Atlético y el desplazamiento a Gijón resolvieron el problema en menos de una semana y desde entonces, la plantilla ha ido creciendo sin demasiadas limitaciones.

Europa al margen, el último objetivo del Mallorca es redactar otro de esos finales felices que tanto abundan en su hoja de servicios más reciente. Y a pesar de que sus mejores registros (seis victorias en cadena al final de la temporada 2007-08, con Gregorio Manzano sentado en el banco) resultan ya inalcanzables, la escuadra isleña aún está a tiempo de igualar lo conseguido en 2001 y 2004, en ambas ocasiones con Luis Aragonés al mando de las operaciones.

La primera vez que lo hizo sirvió para sacar un billete con dirección a la Liga de Campeones. El Mallorca fue apilando víctimas por el camino y en las últimas cinco jornadas trituró a Celta (2-0), Espanyol (0-1), Rayo (4-0), Alavés (2-4) y Oviedo (4-2). Y tres años más tarde, tras pasear por última vez la bandera del club por Europa, acabó levantando los brazos ante Valladolid (1-3), Málaga (2-1), Madrid (2-3), Espanyol (4-2) y Celta (1-2).

Sin premio

Curiosamente, cuando Gregorio Manzano puso al día esos números en 2008 -se impuso a Murcia (1-4), Racing (3-1), Athletic (1-2), Osasuna (2-1), Barcelona (2-3) y Zaragoza (3-2)- fue después de protagonizar un final de Liga parecido al actual y al equipo no le alcanzó para llegar a las competiciones continentales. Se quedó a las puertas del cielo por la victoria de Racing ante Osasuna, que esta temporada vuelve a coincidir en la jornada de despedida con los papeles cambiados.

Si el Mallorca mantiene esta vez la dinámica ganadora no hay razones para preocuparse. Tiene el premio asegurado. Zaragoza (1-0), Getafe (1-3), Rayo (1-0) y Levante (1-0) ya han ido desplomándose ante sus pies y el próximo podría ser el Madrid de Mou, que será coronado ante los baleares poco antes de la gran batalla. El Bernabéu aguarda. La gloria europea está en juego.