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Veintiocho votos en la primera ronda, veintinueve en la segunda y 32 en la tercera y definitiva: Madrid tiene un colchón de apoyo consolidado en el seno del COI, pero se da de cabeza contra un techo que ya le costó romper hace cuatro años en Singapur y que en Copenhague ha vuelto a resultar insuperable. Los convencidos por el proyecto técnico madrileño, los fieles al ex presidente Juan Antonio Samaranch y los que tienen particulares lazos de amistad con España constituyen la base del respaldo a Madrid, que ni hace cuatro años ni ahora ha sido capaz de beneficiarse del voto liberado por las rivales que iban quedando por el camino.

En la elección del viernes, sin embargo, el núcleo partidario de Madrid no fue tan hermético como aparenta. Fuentes del COI que pidieron no ser citadas indicaron su constancia de que varios miembros que habían votado en primera instancia a Chicago apoyaron luego a Madrid. Pero la candidatura de la capital española no ganó votos porque, a cambio, perdió otros tantos. La 'vieja guardia' del COI, esos miembros veteranos que desean mostrar su lealtad y gratitud a Juan Antonio Samaranch, tuvieron la clave.

El ex presidente del COI hizo ante la asamblea electoral un discurso conmovedor en el que recordó que, a sus 89 años, llegaba «al final» de sus días. «Permitidme que os pida para mi país el honor de organizar en Madrid los Juegos de 2016», dijo.

Según las mismas fuentes, varios miembros votaron a Madrid en la ronda inicial sólo por temor a que una temprana eliminación de la aspirante española dejara en ridículo a la ciudad y, con ella, a su amigo Samaranch. Con Madrid ya en segunda ronda y salvada la cara del proyecto, decidieron que ya habían cumplido y que entonces comenzaba la verdadera elección, y cada uno se decantó por su auténtica opción, que fue Río de Janeiro en la mayoría de los casos.

El apoyo abrumador a Brasil en las rondas finales demuestra que había una voluntad clara de dar los Juegos a un territorio nuevo, por encima de cómo fueran los proyectos técnicos. Brasil, con su nuevo papel en el escenario mundial, era la excusa perfecta, que además les vino de perlas a todos los miembros europeos del COI, que ya están pensando en presentar candidaturas para los Juegos de 2020. La eliminación de Chicago a las primeras de cambio puede considerarse la sorpresa de la elección, por cuanto el proyecto no tenía las debilidades evidentes de su predecesor para 2012, Nueva York, y el apoyo de la administración se tradujo en un viaje relámpago de Barack Obama para intervenir ante los miembros del COI. Pero Estados Unidos tendrá que hacer otra muesca en el cinturón de sus complejas relaciones con el COI. Ni siquiera con un proyecto atractivo, con unas garantías económicas razonables y con un presidente que ha abierto la puerta a la esperanza en muchas partes del planeta ha podido vencer la resistencia de un centenar de miembros del COI. uan Antonio Samaranch, único español con derecho a voto en el organismo, atribuyó ayer el origen del problema a la actitud del Comité Olímpico Estadounidense (USOC). «Es el comité nacional más poderoso del mundo, pero se siente tan importante que se mide de igual a igual con el COI y es muy poco solidario con el resto del mundo. Las relaciones son tensas por el reparto de los ingresos de televisión y de los beneficios de los Juegos, y mientras no sorteen ese unilateralismo lo van a tener muy difícil», dijo.

Ya el año pasado las federaciones internacionales levantaron la voz contra el reparto desigual del dinero que generan los Juegos Olímpicos. El USOC se lleva el 12'75% del porcentaje de la venta de los derechos de televisión en su país, más un 20% de los ingresos del COI por patrocinio. En el pasado ciclo olímpico esos porcentajes supusieron unos 300 millones de dólares. Todas las federaciones recibieron tras los Juegos de Pekín, para repartir entre 28 deportes, 290 millones. Después de una negociación en la que el comité estadounidense mostró escasa flexibilidad, el COI se avino a mantener el sistema actual hasta 2013, con el compromiso de revisarlo después. La actitud norteamericana es «una losa» para las candidaturas, según Samaranch. Nueva York sólo obtuvo 19 votos en primera ronda y 16 en la segunda hace cuatro años. Chicago se quedó ayer en la misma horquilla, los 18 que la llevaron a ser descartada en primer lugar.

Tokio, que superó la ronda inicial con 22, bajó luego a los 20, pese a tener, en teoría, mejor proyecto técnico. Así se lo había valorado el propio COI en sus exámenes. Pero un miembro del COI, el portugués Fernando Lima Bello, resumió hace unos días las dificultades de comunicación admitidas por la propia candidatura: «No he estado nunca en Chicago, pero tengo la impresión de que conozco esa ciudad mejor que Tokio, donde estuve dos veces».

Lo que todas las candidatas comprobaron en carne propia en la jornada electoral del viernes fue la fuerza casi inexplicable del olimpismo. Tres jefes de Estado, incluido un monarca -el de España-, dos jefes de Gobierno, decenas de ministros, alcaldes y concejales, todos pugnando por el honor de organizar los Juegos en su país. No hay otro proyecto de Estado que concite más adhesiones. Pero finalmente todo se reduce a una competición deportiva y, como en las que se juegan sobre la cancha, sólo puede haber un ganador que en esta ocasión fue, sin discusión, Río de Janeiro.