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La prensa y el soberano público se dividen al analizar a Sergio Kresic. En Las Palmas, su relación con una parte de los numerosos medios grancanarios no ha sido la ideal, pese a que los resultados le fueron avalando durante su estancia en el banquillo del Insular. Sólo la afición le agradeció los servicios prestados. En Burgos, por contra, donde hizo las veces de jugador y entrenador, se le considera una persona entrañable y decisiva para que el extinto Real Burgos se hiciera un hueco entre los grandes. Huella también dejó Sergio Kresic en cuatro temporadas (89-93) al frente del Atlético Marbella. Bajo la perenne sombra de Jesús Gil y siempre amparado en dirigentes de lo más peculiar, Sergio intentó hacer realidad el proyecto de la emergente "y ahora mismo agonizante" entidad de la Costa del Sol.

No muy lejos, el reto de devolver al Betis a Primera resultó ser una tentación demasiado peligrosa. Serra Ferrer salvó un proyecto sin rumbo y el balcánico se marchó con el resquemor a sus espaldas de una grada siempre exigente. Otro cadáver del fútbol nacional, el Mérida, le vió escribir la primera gran página de la historia del balompié extremeño. Nostalgia es lo que se expresa desde la Dehesa a la hora de recordar a Sergio, por lo mucho que hizo por el club presidido por José Fouto.

Pero donde más amigos ha dejado es en Pucela. Se le consideraba serio, amante de su trabajo y correcto con la prensa. Destaca su carácter accesible, aunque lo tosco del juego que despliegan sus equipos no le hizo comulgar con el respetable. No es artífice de grandes titulares, comedido, pero su despedida fue del todo amistosa. Si algo destacó fue su talante con los jugadores rebeldes. Parece que temperamentos como el de Samuel Eto'o han topado con un muro.