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Cúper no olvidará fácilmente el día de ayer. El entrenador bermellón abandonó el Lluís Sitjar como él se merecía, con toda la afición volcada hacia su persona y agradeciéndole el extraordinario trabajo que ha realizado estos dos últimos años.

El entrenador argentino no pudo contener las lágrimas cuando los 18.000 aficionados coreaban su nombre al término del partido. Al finalizar el encuentro el técnico intentó saludar desde el centro del campo rodeado por una nube de periodistas y guardas de seguridad. Rápidamente el entrenador se metió en el vestuario y aguardó la llegada de sus jugadores. Los minutos iban pasando y nadie abandonaba su lugar en la grada. «Si no sale Cúper, no nos moverán», cantaban los hinchas y Cúper tuvo el detalle de volver al césped. El técnico fue el gran protagonista de la jornada vespertina.

El argentino rompió su figura de hombre de hielo y abrió su corazón a toda la hinchada mallorquinista. Nadie se atrevió a recriminarle nada, no hubiera sido justo. El técnico ha hecho mucho por este Mallorca y ayer simplemente la afición le obsequió con el agradecimiento por el trabajo realizado y también por la forma de comportarse como persona, porque ayer la afición homenajeó, más que al entrenador, a la persona. A esa persona que por su forma de ser se metió en dos días a la afición en el bolsillo y les enseñó que con humildad y mucho trabajo todas las metas son posibles por difícil que parezca alcanzarlas. Como un torero en La Maestranza, así se fue ayer Cúper del Lluís Sitjar. Un técnico que recibió también una cerrada ovación en la rueda de prensa al término de su intervención. «Ojalá algún día el camino dé la vuelta y me conduzca otra vez aquí», dijo con un tono marcado de sinceridad el entrenador mallorquinista.

Pocas veces un entrenador es despedido como fue ayer despedido el preparador argentino. Los futbolistas incluso, conscientes de la situación, pasaron a un segundo plano y dieron todo el protagonismo a «su jefe». La afición mallorquinista dio una imagen brillante a todo el país. Una imagen de una afición que es respetuosa y a su vez agradecida, porque si algo fue ayer la hinchada rojilla fue agradecida.