La jugadora de la selección femenina de fútbol regresa a la Isla agotada pero eufórica después de conquistar el título mundia | Carlos Román

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Su rostro delataba el cansancio acumulado después de tres días casi sin dormir, pero también la satisfacción de ser una protagonista directa de la historia. Porque Mariona Caldentey Oliver ya es leyenda. La conquista del título mundial logrado el pasado domingo en Sídney con la selección española absoluta supone un antes y un después para una generación de futbolistas que ya forman parte de la leyenda. Eran cerca de las once y media de la noche cuando Mariona pisó la terminal de Son Sant Joan.

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«Estoy muy feliz de estar aquí en casa, aunque reventada. Tengo muchas ganas de llegar a casa y descansar. Mi plan es estar en Mallorca, ir mucho a la playa, estar con mis amigos y con mi familia. Disfrutarlo con ellos porque el Mundial ha estado muy bien, pero ha sido muy lejos», apuntaba Mariona ante los periodistas después de recibir el cariño y el abrazo de familiares que se acercaron hasta el aeropuerto para recibirla con los brazos abiertos. No acudieron muchos a la cita -una treintena de personas- porque la propia Mariona no quería un recibimiento masivo sino algo más familiar. Allí estaba Catalina Soler, alcaldesa de Felanitx, y su madre Maria Oliver, que vivió en directo la consecución del título.

Mariona posó para los fotógrafos con una sonrisa y mostrando su reluciente medalla de oro.
La jugadora de Felanitx no comentó nada («no voy a hablar de eso») cuando se le preguntó por toda la polémica generada tras el beso de Luis Rubiales a Jenni Hermoso y puso rumbo a Porto Colom para tomar un merecido descanso.