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El Mallorca se presenta hoy a un examen mayúsculo. El conjunto bermellón, que en sus últimos desplazamientos parece haber perdido el paso de su itinerario, irrumpe en Chamartín, el estadio más inaccesible del toda la Primera División, un fortín del que han salido cabizbajos los nueve equipos que han desfilado sobre su pasarela. Además, pondrá a prueba una de las estadísticas más demoledoras del fútbol mundial, ya que ninguno de los equipos dirigidos por José Mourinho ha caído en el campeonato doméstico desde el año febrero de 2002.

Hasta ahora, la dictadura del Real Madrid en su estadio ha maltratado a todos los visitantes. Los blancos no sólo han resuelto con una victoria todos sus compromisos como locales (Osasuna, Espanyol, Deportivo, Racing, Atlético, Athletic, Valencia, Sevilla y Villarreal), sino que han marcado más goles que nadie en su centro de operaciones (30) y sólo han encajado cinco.

Un guiño

Sin embargo, los números de la primera vuelta también le hacen un guiño al Mallorca. Los baleares son uno de los cuatro equipos que han puntuado a costa de la formación merengue (el Barcelona le goleó y Levante y Almería también le empataron) y uno de los tres que han mantenido su portería cero tras cruzarse en su camino. Al margen de eso, el equipo isleño sigue siendo el que más triunfos ha conseguido en Concha Espina durante el siglo XXI (cuatro victorias en Liga y otra en Copa) y su entrenador, Michael Laudrup, ya se impuso allí encaramado al puente de mando del Getafe. Fue hace casi tres años, en febrero de 2008, y la escuadra del danés desquició a la de Schuster con un decisivo tanto de Uche (0-1). En cualquier caso, para que se reedite algo parecido el Mallorca tendrá que arremangarse. Sólo ha triunfado en una de sus últimas cinco salidas (el 21 de noviembre, en el Sánchez Pizjuán de Sevilla) y encadena tres fracasos consecutivos como forastero (Getafe, Villarreal y Atlético) que le obligan a reaccionar de inmediato.

Para ello, tendrá que resistir al vendaval que prepara un Madrid feliz por su reciente clasificación de la Copa, pero herido por el traspiés que sufrió hace siete días en Almería. No puede fallar el equipo madrileño si pretende que el Barça no agrande la zanja que se atisba en la cúpula de la clasificación.

Por eso, esta tarde buscará un nueva vuelta de tuerca. Mientras en su entorno se agolpan la polémica y los enfrentamientos internos, su técnico tratará de darle un poco más de volumen a una tarjeta de presentación arrolladora. Y es que el luso domina como nadie los encuentros de sus equipos en casa. Hace nueve años, resbaló dirigiendo al Oporto con una visita del modesto Beira Mar (2-3), pero desde entonces nadie ha vuelto a llevarse los tres puntos de su cuartel general. Ni como preperador del Oporto, ni al frente del Chelsea, ni desde el banquillo del Inter. Los únicos sustos que se ha llevado en casi una década se han escenificado en Champions League (el Madrid le ganó dos veces en Oporto, el Barça en Londres y el Panathinaikos en Milán), FA Cup (Liverpool) y Copa de la UEFA (Panathinaikos). Con esos dígitos en la mano, al Mallorca le sobran alicientes para lanzarse a por una victoria que además de renovar de prestigio le permitiría incluir su nombre en los libros de historia del fútbol moderno.