palma bota Ursula Pueyo esports

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Úrsula Pueyo (Esporles, 21-12-1983) dobla su apuesta. La esquiadora mallorquina encara un tramo decisivo de la temporada con la intención de asegurar su presencia en cuatro pruebas en los Juegos Paralímpicos de Invierno, que se celebrarán en Sochi (Rusia) del 7 al 16 de marzo. Tras haber convertido el slalom y el gigante en su hábitat natural, Pueyo aspira a conseguir la clasificación para las pruebas de supergigante y supercombinada, dos modalidades de velocidad en las que tendrá que elevar su nivel para lograrlo.

Hasta 19 carreras habrá completado la mallorquina antes de llegar a Sochi, más que ningún otro año desde que se instaló en la élite. Después de haberse matriculado en el invierno austral acumulando méritos en Nueva Zelanda y Australia y cumplir con nota en la Copa del Mundo en Canadá, esta semana se encuentra en Austria disputando dos mangas de la Copa de Europa. Tras acariciar el podio en Pitztal, quiere seguir engordando su botín de puntos hasta mediados de febrero con un maratón de competiciones para hacer frente a un cuádruple desafío en Sochi, a orillas del Mar Negro.

Condiciones

No conoce de primera mano las condiciones en las que se desarrollarán los Juegos, pero las referencias que tiene de compañeros que compitieron en la estación rusa parecen ajustarse a sus prestaciones. «Es un destino vacacional de verano y sabemos que muy probablemente nos encontraremos con mucho calor y una nieve blanda, pero la verdad es que estas condiciones me gustan», analiza.

Se ha preparado a conciencia para dar lo mejor de sí. Hizo un esfuerzo económico para competir en las Antípodas y ahora cuenta con el apoyo de Air Europa en un curso en el que trabaja tanto en el aspecto psicológico como en el físico y el técnico. «Si no funciona la cabeza no funciona el resto», explica Pueyo, que sueña con el podio. «Es cierto que las dos o tres primeras del ranking están un poco por encima, pero no veo imposible luchar por las medallas», valora.

Su primera experiencia en los Juegos fue en Vancouver 2010, donde ejerció de abanderada española. «Fue todo tan nuevo, tan grande, con tanta gente... me sentí muy orgullosa», explica la esquiadora esporlerina , que asegura que pagó «la novatada». Una caída y una descalificación impidieron que su alegría fuera completa, pero aquella experiencia fue tan única como aleccionadora.

Los próximos Juegos pueden marcar un punto de inflexión en su trayectoria. «Quiero seguir esquiando, pero tengo que encontrar la manera de complementar el entrenamiento y la competición con el trabajo, que me gustaría que estuviera vinculado a la nieve y relacionado con la formación y la gente con discapacidad».

«Las dos o tres mejores del ranking están un poco por encima, pero no veo imposible luchar por las medallas»

Sobre sus opciones de pelear por el podio en Sochi